El pasado sábado visité a Isaac Díaz Pardo en su refugio de El Castro (Sada), desde el que sigue trabajando de forma incansable en todo aquello a lo que ajustó su vida: Galicia entera, completa. Es decir, en todos los ámbitos en los que se desarrolla la actividad humana: cultura, arte, economía, empresa, valores cívicos, justicia y compromiso social.
Me dio cuenta de un viaje a Vigo el día anterior, del que se hizo eco La Opinión y otros diarios, para prestar su colaboración al proyecto de la Fundación Galega contra a Impunidade.
Esta fundación fue creada con el fin de dirigir sus esfuerzos al restablecimiento de la justicia y la reparación del daño causado por el franquismo, e instituida por relevantes personalidades gallegas (más de 80 entre los que se encuentran, Rivas, Beiras, Méndez Ferrín, Neira Vilas, Cáccamo, Portela, Fernán-Vello o Pillado). Tratan de hacer un frente común con Argentina, donde se están juzgando los crímenes perpetrados por el franquismo en España. Paradojas de la vida, la justicia de nuestro país no se detuvo a la hora de investigar y castigar los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura argentina, pero no así los que padecimos nosotros. En el emblemático caso Scilingo, la investigación de esos crímenes planificados por Videla y sus secuaces de la marina, corrió a cargo del Juez Garzón, que pudo llevar a cabo su labor sin obstáculo alguno y culminó con una sentencia condenatoria de más de 1000 años para aquel militar. Cuando el mismo juez intentó hacer lo propio con lo acontecido en España, se lo impidieron sañudamente hasta casi acabar con su expulsión de la carrera judicial.
Pues bien, así las cosas, se abre la vía Argentina para remediar el injusto. Isaac Díaz Pardo es consciente de que su caso particular (el padre, Camilo Díaz Baliño, fue asesinado en los inicios de la represión franquista) posee trascendencia mayor que la de otros miles de aquejados, por el contenido simbólico que arrastra su personalidad. Y decide contribuir, poniendo en riesgo su prestigio, a la noble tarea de reparar la infamia que alcanzó a muchos. Al solicitar la tutela judicial de la Corte argentina, no busca tanto curar la herida propia como colaborar en la empresa común, tal como ha venido haciendo a lo largo de su vida en la incansable tarea de defender las causas justas. Y es por tan significativa condición, que los demás miembros de La Fundación Galega contra a Impunidade le han nombrado presidente honorífico de la misma.
Isaac y cuantos participan en este proyecto ciudadano, cumplen la obligación que correspondería a las instituciones del Estado, ocupando el espacio que a este compete y al que ha renunciado. Por su meritoria y altruista labor, todos cuantos esperan el triunfo de la justicia le estarán agradecidos.

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