«Éste no es el arenal que yo conocí», se oye este verano

Hacía tiempo que no coincidía por la playa de San Lorenzo con marea alta, y coincidió que acompañaba a una forastera que veraneó en Gijón durante muchos años, y que actualmente vuelve a pasar sus vacaciones en un piso sobre el arenal del Piles, el viejo Miami. Y la vi.

Fue el martes 21 de julio, festividad, entre otras, de San Fermín Portuario, cuando doña Olga de Beahín me dijo: «Ésta no es la playa que yo conocí»... Y de pronto, como si nunca lo hubiera visto, me encontré, casi alcanzando el Muro, la mar brava y alta; la línea de la arena escueta y baja, insuficiente casi para las cuatro casetas tradicionales que quedan, plegadas las pobres, cuyas cepas lamen las espumillas burbujeantes que deja la «alta mar» al retirarse.

Arenal de San Lorenzo de ayer, «Delicia de los ojos... De Este a Oeste extendido su manto de canela». Hoy, «de San Pedro a San Cervigón todo inquietudes son». No hay manto a bajamar, hoy pozos y pozas; ni hay canela clara, sino arena oscura... años y años de carbón yendo y viniendo... Lo anunció Peltó durante los últimos años de su vida.

Tiene toda la razón el bravo Laruelo... «¡Los jodidos de El Musel nos están dejando la playa sin color y sin arena!». Y tiene razón la señora de Beahín, «¡Ésta no es la playa hermosa que yo conocí! Esto de hoy es otra cosa».

Gijoneses, no seáis remisos, corred a San Lorenzo, que, aunque desfigurada, perdidas sus líneas armoniosas, el tacto finísimo y el color envidiable de la arena, aún queda playa sobre la que llorar los horrores y los errores de nuestros mandamases. ¡Pobre Santesmases, tan fiel a nuestro veraneo!

Mañana quizá sea otra cosa. Seguramente por las dragas que no descansan y la construcción que no cesa, no podamos cantar nunca más, como cantara antaño el feliz don Miguel Ramos Carrión ante un tonel de buena sidra, abierto en El Retiro de La Guía,

¡Cuántos prados! ¡Cuántas flores!

¡Qué muelle! ¡Qué alrededores!

Y sobre todo, ¡qué playas!

Gigia, Xixón para los bilingües, Jijón para los poetas y Gijón para los visitantes, será otra cosa: un pueblón sin personalidad atado a la parrilla de su martirio, a la que dará fuego la Regasificadora de El Musel: Muselón sin Muselín. Y Jove y La Calzada, barriadas sin alegría, amenazadas por los depósitos de la presidencial «energía»

Señores y señorinos, señoras y señoronas, vecinos del general, podemos estar satisfechos por lo conseguido: con sólo mil millones de nada, tirados a la proa de El Musel, podremos ir en catorce horas con el coche o el camión hasta Nantes (mientras la subvención aguante), y con los veinte mil pisos rurales, sin vender, a la popa, hemos jodido lo que Dios nos dio.

-«No hay quien pueda más que lo que pueda Gijón»...

-Bueno, tal vez «pa barbaridades» puede que pueda más don Gabino el Furacón...

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