Se rige por la constitución de 1978. Quienes dictaron este corpus legal, no trataban de resolver los problemas de la sociedad salida del franquismo, sino los suyos propios.

Una de las dos España, la que sufrió la dictadura en su vertiente más trágica de represión, muerte y exilio, es decir, los perdedores de la guerra civil, están ausentes o no identificados con ese proyecto político.

Respecto al modelo de la II República (Constitución de 1931), el actual supone un retroceso en cuanto a la efectiva independencia del Estado para hacer uso de su soberanía cívica nacida del sufragio universal, y deja claudicante el pilar de la Justicia. Me voy a referir a solo dos cuestiones, que ponen de relieve la tutela ejercida sobre la población por dos poderes no democráticos, culpables de grandes crímenes a lo largo de la historia: la religión y el ejército.

El artículo 8 señala que las fuerzas armadas tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, la defensa de su integridad territorial y el ordenamiento jurídico. Ni siquiera el general Franco otorgó semejante poder al ejército, sabedor de lo que era capaz de hacer. Tal disposición no representa otra cosa que un brindis al sol, por cuanto las FFAA dependen del Gobierno y las Cortes para tomar decisiones. Y siendo así, no se entiende que se le dedique un artículo que no merezcan, por ejemplo, los ferroviarios.

El colmo de este reconocimiento culminó días pasados con la apertura oficial del Museo militar de Toledo, programado desde la equidistancia en el trato a los militares golpistas y a los defensores de la legalidad democrática. Pues ahí los tienen a unos y otros en forzada reconciliación.

El otro asunto, el de las religiones, trae de cabeza a la sociedad civil. El art. 16 dispone que ninguna confesión tendrá carácter estatal, pero de seguido explica que los poderes públicos mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la iglesia católica y las demás confesiones. Pasamos de un estado super católico a otro multi confesional. No quieres caldo, pues toma dos tazas.

Las religiones son una coartada para que integristas y retrógrados formulen sus anatemas en nombre de dios. En Irán, pese a suscribir la convención internacional sobre derechos de los niños, se aplica a estos la pena de muerte y la cadena perpetua. Dicen que el Islam (el suyo) consagra estas penas (incierto) y la religión está por encima de las leyes. Aquí tenemos un artículo, el 15, que da pie a interpretaciones singulares, como la supuesta protección constitucional del nasciturus, o sea, el feto. Sirve para seguir enredando en el inacabable debate del aborto que la ley y su efectiva práctica de muchos años había cerrado.

Mientras tanto, los excesos sexuales del clero católico, no merecen a juicio de sus prebostes más que una reprimenda bondadosa. Así, del curita ligón de Valladolid, a lo sumo han llegado a decir los obispos reaccionarios que era una anécdota, y solo los mal pensantes lo habían convertido en categoría.