Tres artículos en seis meses, triduo para constatar que la crisis económica y del sistema han ido a más, que los dos partidos políticos “de gobierno” han venido a menos en la consideración ciudadana por su estrategia de enfrentamiento, y que la ciudadanía contrita y desalentada, desconfía y reniega de la economía y del mercado, de los partidos y de los políticos... Alta tensión sin falta de Lada y Velilla.
El “sistema” debe purgarse: la crisis terminará, nunca llovió que no escampara, por superarse gracias al ingente e inútil sacrificio, que volverá a recaer sobre clases medias, trabajadores y jubilados, cuando el rey mercado llegue otra vez al borde del abismo por las ingenierías de sus “amos”; los partidos “de gobierno”, deberían serenarse y librarse de la presión de sus cúpulas directivas, blindado su omnímodo poder por la vigente ley electoral; y los políticos, “gobernantes y aspirantes”, ser sustituidos.
La única fuente de esperanza de que ello ocurra, está en la acción de la ciudadanía. Sólo en el resucitar del valor ciudadano y de la virtud cívica, adormecido él, anulada ella, y marginados ambos por los “irresponsables” de una prensa deficitaria, que para sobrevivir manipula hechos, falsea idearios, y mendiga subsistencia del poder o de sus enemigos... ¡la ínter economía!.
Es necesaria una gran “cuestión” política para que a la salida de la crisis, la “cuestión”, motive voluntades, urda complicidades, y propicie el salto cualitativo que nos permita, como ocurrió el 14 abril de 1.931, el establecimiento de una “sociedad moderna” que cumpla unos postulados que en Francia propuso el saint simoniano Napoleón III... ¡mediado el siglo XIX!: igualdad ante la ley; libertad civil y religiosa; administración honrada, y equitativo sistema de justicia.
Igualdad, que no cumple la vigente forma de gobierno; libertad que impide la confesión religiosa imperante; honradez conculcada no sólo por particulares ávidos y deshonestos, sino también por los aparatos partidarios que los amparan, para garantizarse la financiación de sus cada vez más disparatados gastos de personal (¡Qué sueldo el de Cospedal, y de otros cientos de inútiles cospedales!) y funcionamiento; equidad de la que cada vez está más lejano el desgobierno de una justicia sometida a ambiciones personales, políticas y tribales.
Sólo una ciudadanía informada, responsable y libre puede dar la fuerza necesaria a una sociedad pequeña como la nuestra para resistir desde el euro, o tal vez, lo que sería muchísimo más grave, desde la peseta, la tiranía de un mercado mundial dirigido por la más aberrante codicia. El mercado no es el señor que orienta, sino el tirano que impone. Son pocos los que lo orientan, pero lo pueden casi todo. La revolución francesa contra los poderes excesivos y renuentes, usó la guillotina.
Pero por lo general, salvo desalmados, hoy no gustamos de la sangre y somos piadosos con los animales, e indiferentes con la necesidad y el dolor de nuestros semejantes, de cuyos males les culpamos a ellos mismos o a Zapatero, y, en último lugar, al implacable mercado...
Cuando escribo, el señor Zapatero ha levantado parte del primer velo de los siete que cubren su reforma laboral; y aun no ha manifestado la energía con que va exigir contribución pareja a los señores del capital, ni ha dicho si piensa pedir grano al granero episcopal...
Pero es más, pongo final a este triduo sin saber si después de las decisiones del presidente Zapatero seguirá viva la alianza de nuestro gobierno autónomo, remedo del tradicional juego de la cuerda; ni siquiera saber los nombres de quiénes encabezarán las listas electorales de los tres partidos “de gobierno” en los muy próximos comicios astures...
¿Se enquistarán en los carteles los señores Areces, Sánchez e Iglesias? ¿O por fin aparecerán las testas, ya demasiado vistas de los Fernández, Cascos y Llamazares?... De una u otra solución, quizá dependa el futuro de esta comunidad principesca a la que para un buen rendimiento le faltan superficie, población y peso, y la sobran, pelmazos, ambiciosos e ineptos.
Lo que ya resulta insoportable es la “alta tensión” que sufrimos. PP contra PSOE; PSOE contra PP; Gobierno contra Sindicatos; Sindicatos contra Gobierno; Aznar contra el crédito exterior de España; Iberdrola contra ACS; Rivero contra el PER... Y hasta Iglesias contra el Credo.

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