Conforme llegamos a fin de año, se trabaja en la selección de personas que van a representar lo más sobresaliente en ese período: los más ricos, los más guapos, los más notables, etc., siempre en positivo. Sin embargo, nadie aún se atrevió a confeccionar la de aquellos personajes odiosos que se distinguieron por su comportamiento aborrecible.

A lo largo del año van asomando al juicio público, además de personas sin menoscabo, otros individuos de notoriedad deshonrosa que sufren la condena infamante de la opinión social. Por su cualidad ejemplarizante, el listado de estos últimos es igualmente necesario, ya que alerta a la sociedad sobre sujetos tan dañinos al tiempo que disuade a muchos de tales propósitos.

Cuando corre el rumor sobre estos siniestros personajes, y se fija la atención a través de los medios que los transmiten, la sociedad se conmueve y los condena. Es pues saludable que, unidos, se les traiga de nuevo para el recuerdo.

La caterva de malhechores, gestores corruptos e indeseables de todo tipo, deben ser expuestos a la pública reprobación aunque hayan pagado ya su culpa ante los tribunales, con más razón cuando esto no ocurra. Habrá quien diga que no deben pagar dos veces por los mismos hechos, en una mala interpretación del viejo axioma de derecho. No se trata de una nueva sanción, sino de luchar contra el olvido donde puedan refugiarse. El baldón ni se limpia ni prescribe con el paso del tiempo.

No hay crueldad en lo dicho. Estamos hablando de sucesos estremecedores protagonizados por seres envilecidos que la historia no olvida, como Nerón o Hitler entre los políticos. En el ámbito económico, estos depredadores son tan implacables como los asesinos pues atentan igualmente contra la vida. Condenan a sus semejantes al hambre o la miseria para obtener sus ilícitas ganancias.

Empresarios y trabajadores tienen intereses distintos cuando no contrapuestos. Las leyes intentan regular la relación económica entre ambos, pero cuando se produce un desequilibrio, siempre pierden los mismos.

La razón de inexistencia de una relación de desaprensivos se funda en el poder de estos. Se identifica la condición o estamento social con la persona que la encarna y se le teme por ello. Muchas resoluciones judiciales favorecen ese miedo.

Si alguien tuviese el atrevimiento de fijar los diez personajes más nocivos del año, a buen seguro tendría dificultades para hacer la selección. Le apunto alguno de esos impresentables, como el Bigotes, Bárcenas o Díaz Ferrán entre los empresarios; Ferrín Calamita entre los jueces; Camps o Fabra entre los políticos; Herman Tertsch periodista; Pío Moa, pseudo-historiador, etc. No son lo más granado pero es una pista.