Ha muerto JOSE MARIA PELAEZ PRIETO, el célebre PELTO. Fue en vida, uno de los gijoneses más populares y más queridos. Corto de estatura, pero de largo y bien probado ingenio, su presencia era casi obligada en todo acto cultural de la villa; indispensable, cuando se trataba de recordar, agasajar o acompañar a amigos y correligionarios. Siempre atento. Siempre educado. Siempre republicano,… siempre cubierto.
Testigo de Gijón. Pendiente siempre, de la mar de Gijón, del color de la arena de su playa. El muro, fue para su corazón fatigado, el paseo salutífero.
Gijón, a su vez, le tuvo como uno de sus más célebres vecinos. En Gijón tuvo su inspiración, y su escenario. El hueco que deja, no podrá ser cubierto. Se le citará. Se le recordará. Y siempre estarán presentes en la memoria de éste que, en verdad, fue su pueblo, los dichos, los hechos y los versos, que tan bien trabajaba el náufrago llamado Pelto, como gustaba firmarlos.
Larga fue su andadura. De las Luiñas a Gijón. Del Regimiento Gorki, en el que sentó plaza de corneta, a la “Cueva del Raposu”. Desde bien niño, hubo de ganarse la vida en los momentos más difíciles del tramo de historia que le tocó vivir.
De aquellos años, necesidad, soledad y hambre, recordó siempre con especial agradecimiento al humanitario doctor don Francisco Cienfuegos, del que su madre enferma recibió cuidados y él, cinco duros para comprar en la botica las medicinas necesarias. Y sin ningún amor, al cura muy conocido en la villa, no es caso citar su nombre, que, huésped habitual en la casa familiar de Luiña, en los momentos de la gran necesidad, negó su “Aval”, creo que así se decía, para que la madre, señalada por roja, pudiera ganar el pan de los suyos, fregando en la cocina de un hotel…
Y de la necesidad, al ring y a la popularidad, ganada en la lucha libre. Fue campeón, con el apodo de “cabeza de hierro”. Lucio, el restaurador madrileño, reía con él recordando mil sucesos de los tiempos del “Gas”.
Fue también, campeón en el salvamento. Arriesgó mil veces su vida, no sólo por salvar otras, sino por devolver los cadáveres queridos a las familias. Entonces, todo su consuelo. Rescató barcos hundidos. En la mar abierta, y en la ría de Avilés, realizó toda clase de trabajos. Aprendió todo de la mar.
¡Qué larga la aventura del campeón muerto! ¡Que agudo su ingenio! ¡Qué divertidos sus cuentos!.
Peltó, amó a su Elena Blanco, “mamá”, y a la mar, sobre todas las cosas. Creyó en Dios, y en la igualdad solidaria. Hasta la extenuación, luchó en el ring y fuera del ring, por su familia. Deja, acompañando a su Elena, hijos, nietos y bisnietos. A Gijón, su recuerdo.
Después de una vida larga, bien luchada y ganada por tierra y mar, ha dejado sin ver, tres cosas, que bien quería. El recuerdo oficial que Gijón, gracias a su tesón, va a dedicar en forma de lápida o calle, en algún punto de su querida Cimadevilla, al doctor don Francisco Cienfuegos. El homenaje cariñoso que la Cruz Roja de Asturias le preparaba para el próximo día del voluntariado, como uno de los primeros miembros de la Cruz Roja del Mar que había sido. Y, por fin, la instauración de la IIIª República, que tanto deseaba…
No obstante, gracias a su empeño: Gijón recordará al buen doctor. La Cruz Roja, por sus méritos, le dedicará su día. Y la República llegará, entre otras razones, por la llama ideal que él supo mantener viva, porque fue, a lo largo de su vida, uno de los más entusiasmas y uno de los más consecuentes partidarios de la República. De la Segunda que pasó, y de la Tercera, que está por venir…
Querido Pelto, en tu recuerdo, tus correligionarios, llevamos hoy en el corazón, a media asta, la bandera tricolor de la patria.
FRANCISO PRENDES QUIROS.
Presidente Ateneo Republicano de Asturias

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