Mercader de principios, de Carlos Etcheverría en La Opinión de La Coruña
Mercader de principios, de Carlos Etcheverría en La Opinión de La Coruña
Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros (Groucho Marx). Los que comercian con bienes inmateriales usan indebidamente la dignidad del cargo para vender su mercancía podrida, utilizando falsamente el llamado argumento de autoridad.
Haber participado en la redacción de la Constitución de 1978 no confiere título de autoridad constitucional. De entrada, no todas las fuerzas políticas estaban allí representadas. En segundo lugar y con ambigüedad perfectamente calculada, los ponentes consiguieron ponerse de acuerdo para conseguir un texto que a todos dejase satisfechos, lo cual es ideológicamente un fraude. Se difundió, de forma interesada, la necesidad de su aprobación para evitar el estallido de una nueva guerra civil a cargo del posfranquismo.
Desde entonces, quienes compartieron el suceso se han encargado de glorificarlo y sostenerlo por todos los medios, a pesar de sus incongruencias y lagunas. Transcurridos ya más de treinta años, y despejado el camino de fantasmas golpistas, nadie en su sano juicio cree en la bondad constitucional tan reciamente proclamada y ven necesaria su derogación.
Gregorio Peces Barba, uno de estos padres de la carta otorgada, siempre que tiene oportunidad pontifica y se desliza gustoso por el laberinto lingüístico de un texto que permite interpretaciones diversas. La explicación suya procura investirla del argumento de autoridad, arremetiendo sin decoro contra quien sostiene tesis diferente, menospreciando y descalificando a quien no se ajusta a su parecer. La animosidad de algunos socialistas descolgados del poder les hace mudar también sus principios.
Días atrás, este sujeto encuadrado políticamente en las filas del felipismo publicó un artículo bajo el sugerente título: Un compendio de errores y engaños. En él se ataca de forma inmisericorde al gobierno de Zapatero. Pero donde carga mayor encono es en la figura del ministro de Justicia Sr. Caamaño, al que delicadamente atribuye unas "valoraciones muy desacertadas e inexactas, que le gustaría atribuir más a despiste que ignorancia" como también "faltas de fundamento", en relación con la excusa de los médicos a participar en interrupciones de embarazo por razones de objeción de conciencia, pues según el ministro tal excusa carece de cobertura legal convirtiéndose en desobediencia civil. El supuesto despistado o ignorante resulta ser catedrático de Derecho constitucional, y su postura es compartida por muchos jueces entre los que cabe destacar al magistrado de la sala tercera del Tribunal Supremo Jesús E Peces Morate. Cierto que la cuestión no está resuelta por los tribunales ni de forma pacífica ni unánime, precisamente por lo expuesto sobre la ambigüedad del texto que admite distintas interpretaciones y promueve dudas.
Como Goyo, también yo quiero atribuir su exabrupto más a un exceso de celo constitucionalista que al deseo insatisfecho de ostentar la cartera de Justicia.
Carlos Etcheverría. PRESIDENTE DEL ATENEO REPUBLICANO DE GALICIA.
