Estilo, de Carlos Etcheverría en La Opinión de La Coruña
Las distintas formas de comportarse ante sucesos semejantes indican desmemoria o malicia. Cuando tal proceder se convierte en costumbre, hablamos de un estilo astuto, hábil para el engaño. Suele acontecer en quienes practican el conservadurismo político.
En Honduras, los golpistas conservadores que derribaron al presidente Zelaya justificaron la medida por entender que Zelaya pretendía una reforma constitucional que le permitiera presentarse a un segundo mandato y así perpetuarse en el poder. En Colombia, el presidente Uribe persigue parecida reforma para habilitarle como candidato a un tercer mandato, siendo aplaudido que no golpeado por los conservadores de su país.
La iglesia católica sufre de cuando en vez un ataque de intransigencia fundamentalista, que invierte la doctrina de su fundador. Juan XXIII, el Papa bueno, quiso volver a los orígenes convocando el concilio vaticano II. A su muerte se desmanteló la iniciativa, con un breve paréntesis de su seguidor Juan Pablo I que le costó la vida. Hoy suenan los tambores de Trento bajo la batuta de Benedicto XVI.
El Partido Popular hizo lo debido cuando acusó al PSOE como instigador de las actividades de los Gal, pero hoy se rasga las vestiduras cuando sus militantes y cargos públicos son perseguidos por corruptos. Las más pintorescas razones esgrimidas para eludir tantos escándalos podrán ser útiles para intoxicar a la opinión pública, pero no para desviar la acción de la justicia. No les importa que las instituciones queden en entredicho, sobre todo cuando jueces, fiscales y policías prefieren no darse por enterados aunque les traten de marionetas del gobierno.
Deliciosa fue la frase de Mariano al afirmar que la inmensa mayoría de los acusados del PP habían quedado absueltos. Como jurista no cabe el error, por lo que miente una vez más. Su anhelo le traiciona, pues ni uno solo de ellos ha tenido la suerte que tanto desea.
CARLOS ETCHEVERRÍA, ES PRESIDENTE DEL ATENEO REPUBLICANO DE GALICIA.
