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ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

13 Agosto 2009

Los agostos festivos, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Los agostos festivos, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Cimavilla, la calle Corrida, el paseo del Muro... nada es igual y todo es lo mismo

Desde hace casi mil años, el mes de agosto fue el mes de las fiestas de Gijón. Fiestas que unas veces fueron ricas, y pobres, las más.

Hace cuarenta años, año más año menos, el mes de agosto traía para muchos treinta y un domingos festivos, como hoy, de pan, feria y toros; de verbenas y paseos...; de Martini mañanero en las Pérgolas y de reposados refrescos con y sin alcohol añadido en el gran salón variopinto que formaban las terrazas de Corrida...

Estrellas en el cielo y bikinis en la playa; y por las calles, Seiscientos, Cuatro-cuatros y Dauphines toreando anárquicos peatones, hartos de las mil rayas.

Eran tiempos en los que todo Gijón usaba camisas Ike y degustaba princesitas de la playa... Ellos y las primeras ellas miraban colocarse para medrar a la sombra creciente del poderoso Bankunión y sus desarrollos, por donde comenzaba a salir para Gijón el sol devoto, y misa diaria, del desarrollo gregoriolopecista.

Tiempos aquéllos del postrer esplendor industrial de las pequeñas fábricas y los grandes talleres, que de la autarquía habían hecho más que provechosa mies, a la que ya quedaban contadas siegas. Uninsa era el horizonte de casi todas las cosas.

El paseo del Muro inauguraba potente luz ornamental, desde la iglesia de San Pedro hasta el puente del Piles. Se admiraba y cantaba la altura de las columnas, la intensidad luminosa, hasta el mismo tono de la luz que prestaba a la playa durante la noche «una hermosa diadema que realza su belleza». Un poeta del momento dejó escrito: «Nuestra playa lleva la belleza en sí»..., «pero para lucirla en plenitud necesitaba lo que tienen las playas famosas enclavadas dentro del núcleo urbano: luz». Y recomendaba a los amantes de la belleza que contemplaran la nueva luz, o lo que tuvieran más a mano, desde el alto del Infanzón... Desde allí se dominaba la versión nocturno-resplandeciente de todas las conchas.

Mientras que Juan Vega Pico, fijo cada agosto, lamentaba, adelantado, viajero y cultivado que era, los altos pavorosos fantasmas de unos «buildings» que cercan y comprimen la playa... y fuera de ella, Asturias, Donato Argüelles, toda la Arena... ¡Ojalá que no nos quiten más!, pedía. Pobre Pico, no se cumplió su deseo...

Por no quedar, ni nos queda íntegra la calle Corrida, que era el corazón-salón del agosto gijonés. Desde entonces, le han quitado por la acera de los nones, las terrazas del Oriental, el Guinea, el Darling; quedan la del Korynto renovado, el Express en Valor reconvertido; y por la derecha, resucitado el Mayerling, luce terraza pegante a la del Montana, que hoy es la dulce Helguera, y allí, entre tartas tricolores, se rompe el embrujo y la magia de los pares de Corrida, que era los del rey Arturo: sin las mesas redondas y elegantes del Tívoli y sin el esmero del Yuste, Caballito al frente, Corrida, Skille nos perdone, quedó devorada... ¡Pobre Ulises!

Un amigo, que disfruta en Gijón del «siempre es domingo» agosteño, aunque emplea buen rato de las fiesta en mantener en forma su casa de verano, lamenta, además de la Tivoli y el Príncipe, la pérdida de las ferreterías.

San Esteban, la calle del Marqués, me dice, ya no es ni sombra de lo que fue. Máquinas de todo tipo, herramientas de toda clase, aceites de todo grado... Las productivas Representaciones Industriales... prudente Mario, han cedido su provechosa oferta a bares, honestos, deshonestos y medio pensionistas... donde el ruido es la ley...

Las calles, qué duda cabe, cambian su función con el paso del tiempo. Quién iba a pensar hoy que la de San Antonio, que en su tiempo terminó con el Príncipe, y hoy en Coalla, hubiera sido la calle de la Enseñanza. Allí se abrieron y pasaron las monjas del Santo Angel; El Centro de Instrucción, de don José Gaos; El Colegio de Señoritas, de doña Pilar Berea; la Mecanografía de Sanchís; o que las casas de lenocinio abundaran por las muy respetables calles de Asturias y Libertad, antes Isabel II...

La Cimadevilla de hoy, jubilada de sus pecados, aseadas sus viviendas, bien perfumadas sus hijas hermosas, no tiene nada que ver con la Cimavilla, pescadora, cigarrera y terrible de ayer que retrató Manuel Vega, que escribió antes que Pico... como la leche de pantera que preparaba Alfredo en el Mesón del Gallo, artesanía, pinturas de firma, trabucos y mil objetos, nada tiene que ver con la leche de la pantera de hoy...

Nada es igual y todo es lo mismo. A no pocos, damas, caballeros, diputadas y senadores, agosto les sigue regalando treinta y un domingos...

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