Un urbanismo que falla en las formas, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Puede que a la Alcaldesa le falten técnicos bien entrenados y políticos capaces

Viene informando la prensa con grandes titulares sobre la primera de las siete sentencias que han de recaer sobre el plan urbanístico de Gijón. Este es el primero de los Siete Dolores judiciales que este verano helarán las aguas del baño de nuestra Alcaldesa: paciente, marinera y pescadora.

Medio Gijón, y particularmente la ya afectada clase constructora y su corte de autónomos, van a tener que soportar los «cachones» de la «nulidad del plan urbano», mientras que la otra media, la de la Gigia rural, o sea, la de «Les Alegres Caseríes» y mansiones pareadas, disfrutará los Siete Gozos, de las muy previsibles siete sentencias favorables. Siete sentencias que dejarán en paños menores a técnicos y políticos de los grupos del gobierno municipal, y también a los señores y señoras de su negligente oposición.

¡Y todo por la falta de formas. Es como cuando en el autobús nadie deja su asiento al decrépito anciano o a la señora embarazada.

¡Quizás el del urbanismo y dentro del urbanismo la acertada tramitación de sus planes sea la más difícil de las asignaturas de cualquier Corporación, y más cuando a instancia, y por la constancia, del poderoso «colegio de los constructores» se toma la arriesgada decisión de «saltar» la ronda...

Para «saltar» obstáculos, sea la señora Infanta, sea la señora Alcaldesa, hace falta valor y buena montura. ¿Tiene buenos caballos la Infanta? Bien, puede que se lo permita su salario en la aseguradora... ¿Los tiene la señora Alcaldesa?..., puede que no..., puede que por falta de decisión para ofrecer buenos salarios le falten técnicos y técnicas, bien entrenados, como pueden faltar en la Casa políticos y políticas, reconocidos, capaces, unos y otros, de sumar las fuerzas suficientes como para salvar de un solo empuje los obstáculos, trampas y rías que abundan en toda tarea administrativa, y más en un gran proyecto de Ordenación Urbana...

La ley de grandes ciudades permite a los consistorios dotarse de medios humanos, materiales y formales, aptos para salvar los peligros. Quizá por no sacarle «partido» a esta ley, y ahorrar gasto a las arcas, vaya nuestra Casa Consistorial, como inocente «xalda» dejando mucha lana en su camino; atrapada en buena parte, entre las zarzas y los matos que «cierren les caseríes». Gastar en capital humano, dotando la Casa Consistorial de elementos competentes dando al todo la organización de un «gobierno-ín» local, daría eficacia a la gestión y, a la larga, sería un buen ahorro, tanto de euros como de decepciones.

Los nuestros ya no son los tiempos sencillos de aquellos grandes arquitectos municipales que dejaron ejemplo de su buen hacer en proyectos y edificaciones; tampoco, demos gracias a Dios por ello, son los «emergentes», capitaneados por el señor Álvarez Sala, el indiscreto amante de las alturas...

El Gijón colectivo, social, político y económico debe volver sobre sí para ser capaz, como ya lo fue, de reflexionar y formular las líneas maestras de su plan de desarrollo; saber por dónde y hasta qué altura quiere construir; por dónde quiere crecer..., sin dejar que estas cosas las formule, a su interés, el colegio de constructores, siempre pendiente de su ombligo, que es su bolsa. Para que Gijón crezca, lo dijo don Napoleón Acebal en 1872, hay que mirar para el ombligo de todos..., y aquel consejo fue seguido por los buenos gijoneses que formaron los comités populares de iniciativas, que en 1937, en tiempos convulsos y expeditivos, quisieron abordar y corregir los históricos desmanes del pasado; «pretéritos», escribió Moisés...

También nuestro alcalde perpetuo, un siglo antes de la ocurrencia de don Napoleón, y sin mirar para nada el ombligo de sus conciudadanos, posó su mirada en el futuro de Gijón..., y fue capaz de verlo, y para hacerlo realidad concibió el primer plan de ordenación del puerto y villa de Gijón, mucho antes de que los primeros promotores «espilaos», hacedores indirectos de que las ordenanzas locales de construcción dejaran en nada el plan de aquel valiente arquitecto foráneo que fue don Valentín Gamazo...

Sean estos Siete Dolores judiciales de la señora Alcaldesa, paciente, marinera y pescadora, sus últimos dolores y el preludio de otros tantos Gozos... que bien merecidos los tiene; que no sólo van a gozar este verano las personas favorecidas en el sorteo de los apoderamientos de la Norteña, que llevan anejos la bicoca de 3.006 euros mensuales, o los felices cobradores de los 67.000 euros del Libro Blanco, o los de los euros, los que hayan podido recoger los ideólogos de la ordinaria sesión de «luceros» nocturnos que sufre la ciudad de la Cultura..., que tanto cuesta y sobre la que tantos reinan...