Estamos en el tiempo feliz de los brotes verdes primaverales que anuncian el revivir de nuestros montes y valles. Este es el tiempo en que el Oso abandona su negra osera y feliz saluda al nuevo sol, y toma su primer sustento, el “de los brotes verdes”, al que enseguida suma el arándano, la bellota, la avellana silvestre.

Brotes verdes que no son, precisamente, los brotes verdes de “un” cierto repuntar económico que no ha mucho, y con muy buena voluntad, quiso ver en su jardín la segunda señora vicepresidenta económica de nuestro Gobierno Central.

De los brotes verdes de una primavera fragorosa de hace más de mil años, comió el Oso poderoso que mató al pie de su cueva de Llueves al Rey Favila. El pueblo es el Oso, tan alto, tan noble, tan fuerte, tan fiero..., cantó a su modo don Alfonso Camín, el Gijonés Universal.

Hoy, un trío de osos sumisos y cautivos, ni altos, ni nobles, ni fuertes, ni fieros, el pueblo en cautividad no tiene tales atributos, hacen las delicias de la masa, esclava tonta, con el número de su monta amorosa que, villanos voyeures, recogen en sus cámaras y difunden, día sí y otro también, los periódicos y las televisiones que sirven al poder como rica planta adormidera del pueblo manso.

Es la innoble noticia de la reproducción del oso en cautiverio. La más antigua villanía. La reproducción en cautiverio de la humanidad subyugada; sobre ella, sobre la humanidad subyugada, asentaron su trono los reyes y su tiara los pontífices. Dos monarquías unidas: la reproductiva por lecho y la electiva por colegio de colegas. Trono y Altar, reinando sobre la humanidad tonta que representan Paca, Tola y Furaco.

Verdes brotes de Llueves donde el Oso fiero, sin nombre, alimentó sus fuerzas. Verdes brotes de Llueves, donde Nicolás Estévanez soñara con recuperar la libertad perdida, la dignidad humillada, la fraternidad, impulsora de la humanidad primera.

2009. Mayo. Llueves. Verdes Brotes de Primavera. En Llueves el OSO poderoso, alto, noble, fuerte, fiero... Espera su Hora.