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ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

4 Abril 2009

En donde no me llaman, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

En donde no me llaman, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Las obras iniciadas en la calle Corrida, plaza y calle del Carmen languidecen

A su regreso de París de la France, donde en el gabinete del célebre doctor Wecker -9 del bulevar Malesherbes bajo-, conoce a la familia de Adrien Proust, inspector general de Servicios Sanitarios y padre del famoso novelista, que ocupa el primer principal de la casa, y perfecciona sus conocimientos sobre el mal de ojo, el joven doctor gijonés don Silverio Suárez Infiesta, al desembarcar en el antepuerto del buque «Anselmo» que lo traía desde San Sebastián, dijo a su hermano don Leandro, el renombrado bañero y aguador de «La Favorita»: «En tierra de ciegos, nadie ve».

Bien es cierto que no estamos en país de ciegos. En Gigia, como en toda tierra de garbanzos, o con horno de Arcelor en peligro, unos vecinos ven, otros no ven..., mientras que algunos, sólo ven sombras...

De los que ven, unos lo ven mejor, el presidente Areces lo ve muy bien, y nos ve a los astures como los primeros en la línea de salida de la crisis universal...; otros, lo ven peor, como el señor Fernández, primer secretario del señor Areces, que afirma no hemos llegado aún a tocar lo peor de la crisis; los hay que ven, pero con lupa, llegar a nuestras casas el fantasma del ERE o INRI del Arcelor hindú. No falta quien ve la descapitalización en Portugal de nuestra Monte de Piedad, o el desastre en Lena de la tuneladora Blanda de la Duro...

Yo lo que veo, y no necesito lupa para ello, es que las obras iniciadas en la calle Corrida, plaza y calle del Carmen, languidecen; que alegrías y cenas faltan en los bulevares, y que la que fue bonita casa de don Pedro, en el Carmen, ya totalmente vaciada, sirve a la fecha de aparcamiento descubierto y sin vado a los empleados de una importante firma constructora de la localidad, que empieza por «cas» y termina por «cos»... ¡Caro aparcamiento vive dios!...

Tampoco veo bien, ni con lupa logro verlo mejor, es que el gobierno del Ayuntamiento constitucional de la villa se disponga en los próximos felices días de abril, ¿será el 14?, pasados pasos, pesos, procesiones y lazos, «cuando es flor todo el país y en fecundos olores florecen todas las flores menos las flores de lis», a proponer al Pleno del Consistorio el retirar al finado Franco Francisco las tres mercedes que la villa le otorgara durante los días dorados de su caudillaje, «por la G. de D.», rezaban las monedas de a duro.

Dos mercedes, «hijo adoptivo» y «alcalde honorario», concedidas por acuerdo de la Comisión Permanente de nuestra Corporación municipal, casi la misma que, dos años antes, acordara incautar las bibliotecas de los elementos rojos... con sus muebles. Fue un 22 de junio de 1939, año de la victoria. Las mercedes, reza el acta, le fueron acordadas por la Comisión, presidida por el señor Vigón Cortés «por unanimidad y con el mayor entusiasmo». Seguro que ahora no se retirarán por unanimidad, que las gaviotas locales no van a renegar de su obra y brazo, ni abjurar de su doctrina... «Pero se las quitaremos con entusiasmo»..., prometen al vecindario los concejales del gobierno.

El tercero honor que la villa ofreció al Aníbal de nuestra tiempo, fue su «medalla de oro», que tardó en llegarle 23 años, vía concesión plenaria del 18 de julio de 1962, por la Corporación que presidía don Ignacio Bertrand Bertrand, generoso en honores y rumboso en la legalización de disparatas alturas urbanas; «Medalla» para conmemorar el XXV Aniversario de la «liberación» de la villa...

Lo que, desde luego, no puedo ver, aunque acuda a la muy acreditada clínica de los doctores Vega, es que nuestra Corporación desaproveche la sesión del justo desmerecimiento del invicto Aníbal, dejando sin retirar honores que fueron repartidos con generosidad y poco tino durante la década prodigiosa de don Ignacio, entre mil, la medalla áurea concedida al finado almirante Salvador Moreno, dentro de los arrebatos nacionales del XXV aniversario; porque el don Salvador no «salvó» Gijón, sino que bombardeó la villa, una y otra vez, desde el famoso «Cervera» que él mandaba..., causando cuantiosos daños, varios muertos que dejaron viudas y huérfanos, y numerosos heridos que llenaron el Hospital de Caridad...

¿Puede una villa razonable y progresista condecorar de oro a su «bombardeador»?... ¿Puede tener en su callejero «rue» dedicada a los moros invasores?... ¿Al fiero Munuza?... ¿Puede una villa despierta a todas las novedades dar hoy el nombre de Concha Espina a una de sus avenidas que irá a terminar o morir sobre la poesía de Miguel Hernández? Tampoco veo la oportunidad, ni usando la lupa con que don Graciano vigilará el ERE indio..

Como no veo tampoco el que la Casa Real de España siga manteniendo, mientras los ayuntamientos democráticos retiran las que otorgaron, las mercedes nobiliarias que el Rey N. S., otorgó a la viuda e hija del finado Franco Francisco Francisco, Ducado, y a mayor INRI, Señorío de Meirás... Como quien dice, procesión penitencial con Fraga, mil gaiteros y los famosos gigantes y cabezudos de Puebla de Sanabria...

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