DIARIO DE TIBURCIO MUÑOZ (25.11.08)
NOVIEMBRE 25
Martes, 25 de noviembre, 2008.
Es evidente y notoria la crisis de los partidos políticos españoles, ajenos a la sociedad sin pulso, viven su peripecia endogámica encerrados en la cómoda burbuja del poder. Quien es gobierno, quien no lo es, disfruta de la burbuja y en la burbuja, del sillón.
Si el espectáculo desde fuera resulta dramático; desde dentro, es desconsolador. Sin querer lo definió hace días el presidente Bono. Los compañeros de partido, son para los compañeros, no “enemigos”, como dijo Churchill, sino auténticos hijos de puta, dispuesto siempre a una estocada, aún en el caso, (no era el caso de Bono) que no fuera merecida. Ahí está el fiel “aldeanu” Valledor, llevando, con “cristina” resignación, una buena “trapera” de su colegas. Ahí, el pobre Morales, apuñalado de frente, de culo y costado por sus compañeros, por el delito de querer ser novedad o alternativa, a la alternativa oficial que representa el “eterno” Ovidio, el europeo, que con el otoño irá a dar castañas a Europa (¡pobre Eurocámara, a donde los partidos envían los casos podridos). Ahí está el ambicioso profesor presidente, al mal tiempo buna cara, puesto a remojo antes de enviarlo a brincar a más altas yeguadas.
Las cúpulas de los partidos, viven, sin dejar vivir a sus naturales alternativas. Se eternizan en las comodidades del poder, ahí está el profesor del Espíritu Nacional. Eterno convidado y arrendador de sus locales. Ahí, la doctora, paradigma de la ambición más desempachada, como una botella del Gaitero llena de burbujas para el “rutiu” de la fabada.
Bases de la derecha, compuestas por respetables amas de casas, que tienen por doctrina las predicaciones del odio matutino que reparte la voz de los obispos, con algún sesudo varón jubilado, y alguna ambiciosa juventud, dispuesta a la corbata y la cartera, sin trtabajo.
Bases de la izquierda, más amas de casa, pero sobre todo prejubilados y jubilados de la mina y la industria, muchos menos del comercio y los servicios. Ociosos sesentones, siempre dispuestos a la reunión o al viaje; con alguna juventud, dispuesta a labrarse un porvenir sin los sacrificios de la oposición o del trabajo diario...
Tales son las bases, a las que las cúpulas dicen respetar y responder...
Con tales mimbres, los asientos no aguantan. Y los partidos, sin bases, sin anclajes en la sociedad, vuelan al aire de los intereses rectores... Ni son cauce, ni son río, ni remanso... Son entelequias que dan vida y poder a una clase, tan corta en número como en ideas. Algunos, saben hablar; otros, ni eso. Lo que casi todos saben, y algunos practican, vale más no mencionarlo.
