19 DE OCTUBRE

Domingo 19. Octubre. Día soleado. Regreso de un viaje rápido. Por cunetas de la carretera de Vegadeo a Lugo, algunos paisanos y paisanas, vestidos de turistas domingueros con el sur y unas bolsas de plástico, andan a la gueta. El oro adorna los robles. Las praderías, son esmeraldas gigantes. Con la caída de la bolsa, metales y piedras preciosas cobran nuevo valor. Casi no se ven vacas en los campos… Si no hay vacas de lengua escarlata…, con azul hay más que en Belén, y la leche viene de Francia, ¿para qué coño irá el Mayoral con veinte de los suyos a Qatar?... Qatar, ¿a quién? Si el Mayoral ya cató cuanto tenía tetas… Por lo menos y para la sed, no olviden aquí el botijo. No vaya a romperse en la feria…

Un viejo amigo, Hilario Luzán Cospeito, célebre, célibe y de Vilalba, lamenta la pobreza caída sobre el agro. Casi nada queda vivo en las cuadras; por los montes, algunos ciervos, jabalís, hurones, lobos... y muchos cabrones...; por no haber cosa buena ni hay “patacas”, casi “chora” el pobre, que no hay quien las trabaje.

“Los zorrucos”, se lamenta, se han levantado con todo. Hasta con Dios. Dios es hoy propiedad de “Zorruco Varela” y los suyos. Antes, era de todos. Cuenta Hilario que a su abuelo Xesús, el viejo Prisciliano de Sotomayor, le dejó un hilo de la camisa de Cristo. “Con lo de la guerra, perdiósenos”, lamenta Hilario. Seguramente lo llevó alguno de los “Zorrucos”, que andaban al contrabando del tabaco y el café con gotas y eran, también, algo chamarilleros. La tía Luciana Zorruca, asegura Hilario, por las hambrunas del 40, dábase mañana para remendar virgos.

La prensa comienza a mover el incensario. Estamos en la semana de los premios y hace falta incienso y mirra al oro... Los señores, en el Oviedo de la yeguada, al Campoamor, a lucirse, algunos casi chocando, por la aglomeración, con el gran culo. Los del pueblo, a limpiar letrinas y remendar cierres, para el galardón del pueblo “fermoso”... y luego príncipes, retoques y corderada...

Asturias es una alfombra persa, (bueno, ayer fue roja), tirada al pie del príncipe “perfeito” y la princesa “retocada”. El filósofo explica la derecha. Como el Sol, “La derecha soy yo”. Y el poeta le repite “La derecha, eres tú”…

Los ricos pierden en la bolsa. ¡Pena de no poder perder, como Epi y Blas, quince o veinte millones de los “jeuros” ganados con gotas de sangre, litros de leche y el sudor de las buenas compañías.

No merece la pena apostatar, dijo el prudente. Claro, listín, como que la subvención va por número de bautizados. Y a los bautizados, como a las pobres abuelas pensionistas, enterradas en el huerto para que la pensión siga llegando, nunca se la da de baja...

En este país, dijo Mendibil, nacemos ya con la cruz a cuestas...