Dicho que quedó duro, el dicho de ayer; dicho tierno, el que se acuña, o acoña, hoy. Y hoy, por ejemplo, se acuña y acoña mucho, cuando la Bolsa se desploma y la economía desfallece, con lo de «Será por perres...», dando a entender que aquí, perres, o les ganes de teneles, no faltan a nadie, según escribió don Toribio Sacristán... en su «Summum Astura».
Y es verdad que perres y rumbo pá gastales no falten en las Asturias, patria querida, como empiezan a no faltar les ganes pá los enfrentamientos lingüísticos, a los que, como a casi todas las cosas, perres y empleos incluidos, llegamos tarde, sabiendo, además, sus consecuencias y, a pesar de ello, vamos a glayíu batiente...
Para demostrar que en lo de les perres Xixón nun tien problema, ahí están los desfiles y ponencias de los 133 escritores que invitamos durante los once días de la «Semana negra», ¡ni que fuéramos la ONCE en sus tiempos dorados!; o la presencia de la insigne troupe de los periodistas de la Europa madrileña, que, a cambio de «casi nada», cuatro perres y unes comilones en la Tenada de Illas, nos iluminan cada año sobre casi todo... Será por perres por lo que, año tras año, se superan récords de asistencia, invitaciones y ventas en la Semana de la literatura americana...
-¿Nun será por falta de perres, y declarada ruina municipal, por lo que van a pagarse la mitad de las «bailenes» que adornan Ovetum de principio a fin?
-No, que perres sobren. Apáguense por defender la civilización y pá que no se vean los caballos -me aseguró en Begoña fray Benito Caunedo de la Purísima Concepción, dominico y vaqueiro de Villar de Vildas, a raíz de que por toda la capital se pregonara la orden de Alcaldía para que las cien mil farolas Bailén de la capital alumbren a la funerala, o sea, a media asta, hasta conseguir la victoria total sobre las fuerzas satánicas del cambio climático...
Pero no sólo está de rabiosa actualidad lo de les perres -¡tan escases esti añu!-, que, duro, como dicho de ayer, pero rabiosamente actual como ayer lo fue, tenemos redivivo el grito de guerra profundamente gijonés de «¡Aún hay Patria, Veremundo!», expresión que se hizo popular en la villa decimonónica, aunque para muchos su existencia y significado resulten hoy desconocidos... El «veremundismo» gijonés, entiendo, después de concienzudo estudio, que debe atribuirse al genial binomio que para iluminar a los lectores del primer «Comercio» formaron don Celestino Margolles y su patrón y amigo don Calisto Alvargonzález, especialistas en gacetillas, pensamientos, precios de mercado... y de las veraniegas calderetas de pescado...
La invocación a Veremundo sólo procedió en momentos de crisis aguda o total, que siempre abundaron, como abunda en el comercio, la industria y el turismo la crisis en nuestros días... y hasta en los altares, a salvo, por supuesto, el éxito portentoso que corresponde a la meteórica ascensión a los cielos madrileños de la jovencísima «Leidi Pajín» y la traslación a Roma del cardenal Cañizares para «consolar» al Papa, como antaño a otro titular de Toledo, y dos acompañantes, envió a Roma el genial Godoy, hijo de José y de María Antonia, con el mismo fin.
Siempre hubo crisis. Y en ella, el popular pesimista, fuera de adoquín de Génova o pilar local, ni hallaba en el vecindario, ni encontraba en la humanidad (de cada momento) más que espíritus mezquinos, razas degeneradas, aviesos rompepatrias u hombres sin fe, esposas sin entusiasmo, imberbes sin valor...
Hoy dicen que gracias a ellos se recuerdan en zona verde las víctimas del terrorismo, que, junto a las de ETA, forman Ricardo y Aniano, los dos jóvenes asesinados en Montejurra, y los cuatro obreros de Vitoria, sucesos de 1976 en los que tanto papel jugó, por preparación u omisión, el general fundador de los populares, cuando ejercía desde Gobernación como «dueño y señor» de nuestras calles...
No ha muerto, no, el honor nacional, ni puede perecer el recuerdo de Veremundo, pero debe saber el gijonés medio, vecino de Corrida, el Carmen, Poniente o La Arena que para combatir cualquier negro desconsuelo, y por orden expresa de nuestra Alcaldesa, baja cada mañana de la Providencia a Poniente un dorado rayo de luz que inicia el esplendoroso amanecer de la villa... Madrugue el lector y verá el maravilloso efecto que hace el rayo de la Alcaldesa en los cielos y en la mar...
El «¡aún hay Patria, Veremundo!» también acaba de lanzarlo, como si fuera su descubridor, el gran mitómano de la Cuesta de San Mateo, para el que la victoria balompédica, sobre toda la Europa unida, puso en «evidencia»» la pervivencia del sentimiento nacional... ¡Ánimo!, y a falta de letra en el himno nacional, cantemos el de Riego, o atronemos el mundo con nuestro grito de guerra: «¡Aún hay Patria, Veremundo!»...
Y, por fin, la popular pregunta que encierra en tres palabras todo el saber y el sabor del viejo mundo playu: «¿Manquín, yes empresa?, o «Manín», para otros, lanzada al Manquín, o Manín, desde la cazuela del primer Jovellanos, o desde el general del Dindura, o desde el gallinero de banco corrido de los Campos Elíseos, que hay versiones para todos los gustos y todos los teatros, cuando inesperadamente el popular avisador apareció en escena...
Cuando, no hace muchas fechas, alguien desde el escenario del Xixón festivo presentaba una iniciativa de largo alcance, desde el general, nadie le hizo la preguntina gijonesa... ¡Lástima! Hubiera sido muy interesante escuchar la cuarta respuesta para saber con quién estamos, porque las tres del cuento del Manquín, muy irreverentes, todos las conocemos...
-No hay crisis, monín... Lo de les perres? ¡ye la anorexia filantrópica! Manquín, díjomelo Rita la del conde.

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