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ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

12 Octubre 2008

Jovellanos en agosto, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Para Gijón, como para la mayoría de los pueblos, el mes de agosto, de Augusto, fue, de siempre, el gran mes de las ferias y de las fiestas. Ferias, que, además de en Gijón, establecieron los reyes godos, ¿quién recuerda hoy la famosa lista de sus teléfonos?, en Toledo y Burgos..., y que siglos después y tras largos años de olvido, reinventaron y pusieron, actuando cada uno en su esfera de influencia, Luis Adaro y Avelino Moro... en la carretera de Oviedo, bajo el nombre, hoy sagrado para veraneantes, curiosos, hambrientos y Luis Arias, de Feria de Muestras...

Ferias, que, siglos atrás, por el 15, día de la Virgen, celebró fastuosamente Gijón, durante al menos una semana, en la vecina aldea de Contrueces del Obispo, festejando de esta forma, mercantil, ganadera y religiosa, además de la culminación de las labores agrícolas del «verano», la Asunción de la Virgen a los cielos.

«No hubo jamás en el mundo triunfo más glorioso, ni se conoce en día más célebre que este día en que la Virgen fue elevada a los cielos», repetía año tras año en su homilía de la fiesta, los ojos perdidos en el infinito y húmedos por la emoción el gran orador sagrado gijonés que fue en vida don Agapito Villaverde, predicador de SM, que de la reina María Cristina recibió rica casulla verde...

Gijón, después, y por exigencia del turismo naciente, trajo el festejo del misterio celestial y la feria de ganados al mismo centro de la villa, bajo la advocación de Begoña, cuando los pescadores vascos lograron imponernos, con su gusto por las cocochas y las cabezas de merluza, la devoción de su Virgen... Rúbrica que hoy sirve para designar la feria taurina, la iglesia, el paseo, la calle, la cuesta... Hasta una famosa zapatería hubo en tiempos mozos, que llevó por nombre La Cuesta de Begoña. Y si agosto-Augusto estuvo tradicionalmente unido a las fiestas y romerías de nuestra abierta, llana y comercial villa, no lo estuvo menos el «simpático» mes, y muy estrechamente, a partir de 1811, a la buena figura y preclaro nombre del señor don Gaspar Melchor Baltasar y María, porque, precisamente el día 6 de tal mes, según la tradición y creencia impuesta por la autoridad don Juan Agustín Ceán Bermúdez, que, en sus «Memorias para la vida de Jovellanos» dejó dicho: «Entró en esta villa (el señor Jovellanos) el 6 de agosto, antes del medio día, quando no lo esperaban...».

Errores de don Juan, en pocas líneas, dos; aunque muy humanos, porque don Juan, ni se encontraba en la villa, para dar testimonio incontrovertible sobre la fecha de llegada a su cuna y puerto del «sin igual Jovellanos»; ni tampoco estuvo presente en las casas consistoriales el lunes 5 de aquel agosto, cuando bajo el mando del recién elegido alcalde juez noble primero Pedro Sánchez Fano, el Regimiento de la Villa, que ni era pardo, ni cantante «pardillo» ninguno de sus componentes, y al día se encontraba de lo que iba ocurriendo, dijo por notable, otrosí, «que siendo noticiosos los señores vocales de que se acercaba la venida a esta villa del excelentísimo señor don Gaspar Melchor de Jove Llanos, los cuatros regidores que en el día exercen acompañados de su merced el señor presidente, escribano y fieles porteros pasen a cumplimentarle (cuando llegue) con bien venida reunidos en cuerpo formal a nombre de el Ayuntamiento...».

De tales dos errores procede que la inmensa mayoría de los autores antiguos -Estanislao Rendueles Llanos en su «Historia de la villa de Gijón», Julio Somoza en sus «Amarguras», Fermín Canella en su trabajo sobre el prócer en la gran «Asturias»... luego Pachín de Melás, El Españolito, Joaquín A. Bonet, y el casi siempre desorientado historiador gijonés Luis Suárez, más largo etcétera- citando expresamente a don Juan, o sin citarlo, daten su regreso a puerto, tras casi once años de ausencia, el día 6 de agosto, que fue martes «quando no lo esperaban»; cerrados sus 67 años, y después, por ser exactos con la nota del señor Caso, de «diez años, cuatro meses y veinticinco días de haber partido», que lo hizo preso y humillado camino de lejana isla, por orden de un cruel ministro del rey, mal llamado Caballero...

Sin embargo de tanta autoridad, y tan constante postura, hoy existe, entre la gente enterada, consenso completo sobre la fecha de aquel regreso, que no ocurrió el 6, sino que ha subirse al 7 de agosto, (como al 8% sube los precios de los pisos acogidos el «acogedor» Areces, el primero de los que «construyen» las Asturias nuevas de cada día), cuando le aguardaba el pueblo, atento siempre el regimiento a los caminos, aunque no pueda decir si el prócer llegó a Gigia por el de la parte de Carrió, o lo hizo por el del lado de la venta del señor Puga...

La concordia actual procede de la enseñanza de tres autores tan distinguidos, distintos y distantes, como lo fueron Juan Antonio Cabezas, Gaspar Gómez de la Serna y José Caso, que en sus respectivas obras sobre la vida y obra de Jovino, dieron, como día de su regreso a la villa, después de los casi once años de ausencia, entre presidios y servicios, la definitiva del día 7 de agosto. Y no sin razón, que en carta al amigo inglés, fechada en Gijón el 17 de agosto de 1811, el prócer le dice al milord: «Llegué a besar esta cuna el 7 de este mes, y no pasaron ocho días sin que nos hiciesen temer una nueva invasión (del francés)». Suficiente prueba, que anda impresa en las ediciones de las obras de don Gaspar, en la de Artola, de la BAE, tomo LXXXVI, página 477, y en la de Caso, de nuestro Ayuntamiento, con nota aclaratoria sobre los días de ausencia.

No obstante esta evidencia, el día «oficial» del regreso, cuando Jovino vuelve a los suyos anciano, pobre y desolado en busca de un «puchero de fabes», «muerta mi familia y casi todos mis amigos», desde el 6 de agosto de 1891, día de los fastos de la exaltación del prócer al altar mayor de la patria, no es otro que el del 6 de agosto, ni puede ya dejar de serlo. Fecha, que desde hace años y merced a una feliz idea del finado industrial Alfredo Liñero, Gijón y su regimiento celebran en festiva matinée con notable concurrencia de autoridades, titulados, tiernos barones, representaciones diversas... y público en general, las alegrías por el regreso a su cuna del patrono bien amado...

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