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ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

1 Julio 2008

De San Pedro a D. Augusto, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

De San Pedro a D. Augusto, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Los amigos de Izquierda Republicana, han tenido la acertada ocurrencia de protestar contra la presencia de la señora alcaldesa en el acto religioso católico de bendición de las aguas de nuestra bahía junto al párroco de la Mayor, y como republicanos laicos, formación de personas de reconocida bondad y seso, en vez de acudir con agua de la Fontica a «bañar» a la autoridad, convocan al sufrido pueblo para concentrarse junto a la estatua de Augusto, «primer ciudadano», gustó el romano llamarse en vida, con una pancarta que ha de rezar: «Por un Estado Laico».

Gesto cívico; lugar idóneo; día soleado; concurrencia, nutrida la de la bendición; sufrida, la del Estado. Trascendente, más que el número, el gesto y la noble aspiración que el gesto apunta «Por un Estado Laico».

Más, si comenzáramos por el principio, los laicos deberíamos iniciar la fiesta cuestionando el patronato de la Villa. ¿Por qué San Pedro, patrón de Gijón?... ¿Por pescador? Pudiera que por esa marina razón, venga la villa celebrándolo desde tiempo inmemorial, aunque el viejo gremio de mareantes invocaba, no a San Pedro, sino a Santa Catalina... la farera.

De los dispendios, comilonas, predicaciones y alegrías por San Pedro, ya existen noticias desde el lejano 1.578, cuando Juan de Caces, sacristán de la Villa y el prior de Santo Domingo, se repartieron seis ducados por las funciones y predicación del santo...

Sin embargo, los antecedentes, el patronato de S. Pedro, no aparece, como tampoco aparece el de San José, en el «Álbum de Honores de Gijón» que comprende, con notable exclusión que no voy a revelar, los discernidos entre 1.866 y 2001, quizá porque lo de San Pedro, como consta en las historias, viene de mucho más allá, quizá del 1.410, cuando comenzó la edificación de la iglesia parroquial que siempre, quizá por estar edificada sobre roca, llevó el nombre del santo apóstol pétreo y pescador. Pedro, santo patrono, con evidente menoscabo de los derechos de San Torcuato, primer santo natural de la villa, o de los del mismísimo Santiago, que llegó a buen puerto en nuestra costa, y se alojó, según tradición, en la casa paterna de San Torcuato, -donde más tarde don Gaspar edificaría las higiénicas habitaciones de su «prao»-, antes de culminar su viaje al fin de la tierra.

Para nada habla don Calisto de Rato y Roces, tan laureado, del patrocinio de San Pedro, ni del patronato de San José, que aún andaba pendiente de edificar, como hoy anda el asilo de San Bango, el notable inversor suizo...

De cuestionarse cívica y laicamente el patrocinio de S. Pedro, la villa podría sopesar colocarse bajo el amparo de las armas de su primer rey, don Pelayo; o a la sombra del fecundo saber, de su primera ciudadano, don Gaspar de Jovellanos, no el del prao, donde encontraron cobijo cientos de parejas de Cimavilla, algunas retratadas por don Sebastián, en su Retablo, y donde, en vida, casi reinó, después de D. Gaspar, el «Quincianu», el famoso violinista ciego, con su «Quinciana». O, si por razón de la crisis general, prefiriéramos colocarnos al amparo de una levita empresarial, podríamos buscar la de D. Anselmo I Cifuentes, el gran emprendedor que proveyó a Gijón de agua y cristales, de caminos y vapores...

Y tal como están los tiempos y por no oír a la ministra hermana del señor Oído, bien pudiéramos buscar también, como solteros, divorciados y viudos, patrona... Empresa, ciertamente, difícil, que escasas son las damas que aparecen en nuestra historia. Mdme. Garrau, la introductora en la villa de las artes hosteleras y culinarias, ciertamente no procede; habríamos de mirar hacia doña Concepción Arenal, la viuda de García, que durante años vivió en el paseo de Begoña...; o, por supuesto, en ello estamos de acuerdo, habríamos de fijarnos en doña Rosario Acuña, la anticlerical señora de Laiglesia, cuyo entierro a hombros de la Providencia al Sucu bajo la lluvia, constituyó el mayor retablo obrero del Gijón progresista.

Honores; reconocimientos; «alabamientos», y hasta «desprendimientos» pardo-populares, se reparten en San Pedro. Tarde de galardones. Si antaño las distinciones eran raras y medidas, hogaño, con periodicidad anual, abundan como las mieses. Raros hijos predilectos, San Pedro, en 1.907; don Dionisio en 1.949; don Nicanor en 1.963..., luego, después de don Torcuato hubo años en que se repartieron a pares, como en 1.992 y 1.994... A manos llenas se reparten actualmente los honores. Merecidos siempre, ¡qué duda cabe!, pero excesivo su número. Tengo amigo, al que apenas abotona la americana de su traje oscuro, que teme le toque cualquier año una de las gracias... «¡Me faltan ánimos para otro traje. Máxime ahora, que decidí incinerarme!»

Antaño, el último traje oscuro lo encargaban los caballeros para la última caja..., ahora, para el apurón de los repartos de San Pedro.

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