En la muerte de Bártulo Odeón, de Luis Odeón Ovejero
TENGO EL DEBER Y EL DOLOR de comunicar a los amigos y correligionarios del Ateneo Republicano de Asturias que mi padre, el constante republicano astur-leonés, Bártulo Odeón ha fallecido en la casa familiar de Cordovero, en la que casi hace cien años nació mi madre, Luisa Ovejero. El tránsito de esta monarquía inútil a su republica ideal, fue leve y no necesitó el auxilio de los sacramentos ni, por supuesto, recibió la bendición apostólica que no había SOLICITADO. Al entierro, como no era noble de nacimiento, ni cantante, ni constructor, no acudió el señor Arzobispo, por lo que la familia quedó muy contenta
Bártulo, mi padre, no combatió en el 34, porque estaba en Honduras; no combatió en el 36, porque estaba en México D.F., haciendo de ayudante de cocina en la embajada del señor Gordón Ordás; pero tan pronto como regresó a España, combatió en todos los frentes que encontró abiertos, tanto en Madrid, como La Mancha y León, donde, como homenaje a gran Ordás quiso matricularse, ya de mayor, en la Facultad de Veterinaria, donde no acabó ni el primer curso.
Pocos antes de morir, leyendo las noticias sobre las disputas de la financiación autonómica, me dijo, lleno del sentido común, rama que siempre cultivó, “a más de las variables de población, dispersión y envejecimiento, los pueblos deberían recibir un plus creciente en función de sus malos gobiernos, Asturias, recibiría el máximo por este rubro” y, así, sin más decir nada, acariciando a Mustafá, el angoreño canela, falleció.
Ojalá, en los próximos días, la conferencia de obispos o sea la de los presidentes autonómicos, acuerde el plus del mal gobierno, quizá entonces podamos atender en Asturias convenientemente los gastos de medicinas y hospitales; los de escuelas y geriátricos..., y hasta abrir nuevos museos de paco-tilla.
Que Asturias anda rematadamente mal, lo evidencia a más de los déficits de nuestras cuentas, a más de los sobrecostes y retrasos de las obras públicas, la locura colectiva por la concepción de las osas, el cachondeo del urogallo y el intento de los Premios Príncipe de Asturias por premiar a las orquestas juveniles de Venezuela, para contentar al ofendido por el exabrupto real...
Si mi pobre padre hubiera podido saber, en sus últimos momentos lo del premio y que más de dos mil personas visitaron el día de los museos lo de la Laboral, y que su medio pariente Arturín había estrenado en Oviedo antes que en Gijón, hubiera sido el remate de su felicidad.
Bartulo, mi padre, ha muerto. Llorad por él. Os lo pide LUIS ODEON OVEJERO.

EsPeRaNzA dijo
Siento mucho la muerte de tu padre. Me ha gustado leer tu post, te leeré más veces. Tenemos algo en común. Un cordial saludo.
12 Junio 2008 | 08:20 PM