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La Coctelera

ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

20 Mayo 2008

¡¡Viva la República... y Viva el Oso!!!, de Francisco Prendes Quirós

EL OSO DE NUESTRAS MONTAÑAS, QUE TIENE EN LLUEVES, y MONTE OLICIO SU CUEVA Y SU HAZAÑA, el primer republicano español, volvió a procesionar solemnemente, peluche y pendón, por les caleyes de su estado civil, difunto, pero bien vivo, de hace muchos años.

Cada tercer sábado de mayo, vuelve el osado a ocupar, con las fantasías de su hazaña, la imaginación republicana.

Y CELEBRÁNDOLO Y CANTÁNDOLO, se pronunciaron ante su Cueva, éstas, o muy parecidas palabras:

RESPETABLES CIUDADANOS, DISTINGUIDAS CIUDADANAS, NIÑOS QUE SOIS EL MAÑANA,

Resulta, sencillamente, asombroso que en un pequeño paraje, como fue el de Cangas de Onís, antaño reino, con rey e iglesia; luego sede de audiencia, y cuartel de un regimiento, en el que sirvió de teniente nuestra respetado Estévanez; hoy, simplemente, concejo turístico, que la autoridad política no quiere reconocerle como sede de la soberanía histórica astur; digo, que resulta asombroso que un lugar como éste, haya sido capaz de dar a luz, de una parte: la Teología de la Reconquista, cuyo mito, recuerdo y dalmática, se guardan en las oscuridades de la cueva de Covadonga; y de la otra, ser la cueva de donde nació la fuente de las aguas del arroyuelo murmurante, que, paralelamente a las bendiciones, los desfiles y las pompas de la España oficial, ha venido nutriéndose de los sudores y lágrimas de los descontentos, -Azaña dixit-; o de los heterodoxos, como dijo el gran propagador de infundios, que fue D. Marcelino Menéndez Pelayo, el mixto cántabro/astur.

Cuando en Llueves los republicanos ástures saludamos respetuosamente las representaciones visibles del Oso regicida, peluche y pendón, repitiendo el gesto que hace siglo y medio iniciara, en plena euforia juvenil, el gran patriota republicano que fue D. Nicolás Estévanez Murphy, que encontró su patria en la sombra de un almendro, con tal gesto, estamos sumando nuestra sudor y nuestra lágrima al curso ancestral del arroyuelo; estamos recordando la honradez de los primeros repúblicos, capaces de pensar libremente en un estado descompuesto, dependiente para todo del poder del trono y del oro del altar; estamos afirmando nuestra convicción de que España, la una o la plural, como cada cual la vea o la idealice, no saldrá del sainete que viene soportando de siglos, y nuestras generaciones desde 1.975, mientras no sea capaz de quitarse la corona real impuesta por Franco, ni arrancarse la de espinas con la que nos sacrifica, y pretende salvar y santificar la rouca Iglesia de Roma; cuando aquí peregrinamos, cantamos, en fin, el himno de nuestra plena libertad, casi nunca alcanzada, -a penas en dos o tres momentos históricos-, para enseguida perderla, pero nunca olvidada.

La comedia de Llueves, que representamos cada tercer sábado de mayo, es mucho más sana y divertida que la tragicomedia que todos los días del año representan ininterrumpidamente nuestros dirigentes políticos, económicos y sociales. Nuestra risa es cálida y sana. Nada tiene que ver con la fría risa de la hiena oficial

Dos resultados, constato, han tenido hasta ahora nuestras actividades republicanas en una y otra ala de las Asturias.

En la plaza de Tuña, cuna del general D. Rafael del Riego, donde el Ateneo Republicano de Asturias quiso ver la luz, junto al sencillo busto del general, para eclipsar su figura y significado, los dalmáticos nacionales del río oficial, han levantado un monumento que recuerda Tuña como pueblo ejemplar de la “Fundición de los Premios Príncipe de Asturias”. Allí, comió y rió el tataranieto del Calígula español, junto a la cabeza del general mandado ahorcar por el Tiberio Borbón. La devoción liberal sigue pujante y viva, el “manolito” oficial, envejece y deteriora

El segundo resultado visible, de nuestras visitas a Llueves, lo acabamos de ver en esta quinta “subida”, y es que el Ayuntamiento de Cangas de Onís ha colocado un pegote indicativo justo en el recoleto lugar donde la tradición supone muerto a Favila: “señalan los naturales el sitio en una especie de cueva, donde hay una cruz de madera, conservada y renovada de unos en otros con la tradición”, contaba el señor Jovellanos en uno de sus Diarios. Pues bien, la cruz de madera, inexistente desde años, se ha vuelto no lograda estela recordatorio-municipal; antes, en mi primera alzada, sólo señalaba el lugar la cruz que mandó grabar, allá por el año de 1.857, el señor duque de Montpensier, no con otro fin que no fuera el de recordar a su cuñada, la destemplada señora Isabel II, que un rey de España, también frívolo, holgazán y destemplado, había muerto a garras del pueblo oprimido, convertido milagrosamente en justiciero Oso. Como diciéndole el duque a la señora, “Antes o después, llega la hora”.

La hora. La hora de que el pueblo vuelva a coger en sus manos la soberanía nacional para coronarse solemnemente con ella, aún no ha sonado, pero sonará, antes que tarde..., por eso cada año subimos a Llueves, “para darle cuerda, para que no se “pare”, el reló de la historia”.

Cuando la feliz hora suene, y vuelva a ser flor todo el país, cuando en fecundos olores florezcan todas las flores, menos las flores de Lis, se aliviarán las Españas súbditas, coronadas de lis; pero también se aliviarán Ortices y Borbones porque no resulta de estos tiempos, para los primeros: soportar la púrpura de una popularidad asfixiante, que ni alivio encuentra en la toga de los juzgadores; y para los segundos supondrá el alivio de una representación, “epopeya homérica”, en algún tiempo la del cetro y armiño, pero que hoy, más que revestida de heroicidad y lances de honor, queda convertida en cómodo, más, suntuoso asilo familiar; casa donde se agolpan tres o cuatro generaciones, obligadas a vivir de cara al público en ostensible y criticada holganza. Ver a los herederos ancianos ya, a la espera de la muerte de sus venerables madres o padres, para desempeñar su primer trabajo real, que hasta la muerte del progenitor, todos fueron ficticios entretenimientos, no sólo rompe el corazón de los aspirantes, sino que acaba con la paciencia de los ciudadanos más pacientes.

Antaño, las enemigas de la institución eran las “minorías” reales, que tantas ambiciones y crímenes desataron; hoy, enemigas de la Institución, más que las ideas republicanas, lo son las obscenas “ancianidades” reales, donde un octogenario, que no se dedica a otro menester que al de cuidarse, revisarse y medicarse, o una nonagenaria interminable, impiden al setentón ocupar el trono tantas veces deseado en noches de insomnio desesperado..., mientras a su calor crecen y crecen hijos e hijas, que ya sólo esperan su muerte...

Para descargar de tanto peso esos hombres y mujeres, y para que puedan erguir, bien altas sus cabezas, que el peso del oropel hunde sobre sus hombros, apresurémonos, republicanos ástures, a traer la República liberadora, tanto del ciudadano como del lis.

Reguemos, ciudadanos, lises y lis, con las frescas, alegres y cantarinas aguas del arroyuelo que en Llueves nació el tercer sábado del mes de mayo del año 739. Justo el próximo año, hará 1.270 años que se inauguró este chorro...

¡Ya es tiempo de que el arroyo se haga río!

¡¡¡Viva la República... y Viva el Oso!!!

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