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ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

9 Abril 2008

Al son del republicanismo riente, de Dositeo Rendueles Miranda

AL SON DEL REPUBLICANISMO RIENTE
DOSITEO RENDUELES MIRANDA

Republicanismo hay, al menos, de tres clases: de acción, convicción y devoción. También lo hay de nacimiento. Se es republicano de acción, cuando convencido y devoto, defiendes y propagas la fe republicana: “todos iguales, todos de urnas”; el convencido, la defiende con las poderosas razones en las que el republicanismo se basa; y el devoto, se limita, a venerarla. La República, suele ser animada, vigorosa y tricolor. Tradicionalmente, enemiga del odioso impuesto de consumos... 1.855, 1.868, 1.873 ¡Abajo lo existente! ¡Abajo los consumos!. Pueblo lleno de esperanzas...

¿Quién en pleno siglo XXI, puede declararse devotamente, convencidamente, amorosamente, monárquico? Los estudiosos, afirman que ni el propio monarca, ningún monarca, podría a cara descubierta, declararse: “Corona mía, te amo”. Por la poderosa razón de que la tal, representa la antigüedad, la etapa del caballo y la fiebre negra, cuando todavía la ciudadanía estaba formándose en el París de la France.

Se puede llamar ciudadano al convecino, al copropietario, al contertulio que comparte calles, propiedad, parques y, si acaso, aficiones. Pero tal ciudadano, puede no ser un cabal ciudadano, sino, simplemente, un número en el padrón de habitantes. El número también vota, enséñale, me dijo una vez el oráculo, en el pozu del Rapusu. Quise enseñarle... Aún no me he repuesto.

El ciudadano político, ha de ser, libre y soberano. Puede haber cuarenta o cincuenta o trescientos millones de ciudadanos soberanos en una nación, pero no puede haber un ciudadano soberano, al menos que no venga, como viene la catedral de León, o el obispado de Oviedo, de las catacumbas de la fe y de los tiempos... García Rex. Parecería hoy, fantasía de Disney... Y lo es...

Una monarquía. Un trono. Una corona. Un cetro. En una monarquía, el monarca encarna, como el bordado estandarte, como el marcial son del clarín, a la nación adorante y unida, simbólicamente hablando. Cuando había caballos, había caballería. Cuando había vasallos, había monarquía. Cuando hay libertad, igualdad y fraternidad, hay ciudadanía. Puede haber un líder, pero no un monarca que proyecta su reino al infinito de su descendencia. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Desde qué hora?... Y ¿Hasta cuándo?. Sobre todo, españolito, ¿Hasta cuándo?

En los tiempos que corren, a nuestros hijos, no podemos dejarles un reino, sino, a lo más, la barbería, siempre que los impuestos sucesorios se pongan al día y salvaguarden la pequeña empresa, el trabajo artesano, el humilde estatus de quien rasurando a otros, se gana la vida. El monarca, símbolo y caja, no tiene barbería..., pero deja el reino... Hasta que un día un niño, grite a su paso, “Mira, mira, va desnudo”. Los reyes antiguos, para el caso, dejaban luenga barba tupida..., las partes a salvo.

Lo malo de la monarquía es que además del monarca titular, aparecen en el reino, mil monarcas cada día, fuerza de la tendencia a la igualdad imitativa. El capitán de empresa, el constructor de naves y viviendas, hasta el humilde concejal, se ponen de armiño cualquier mañana, y ya no sabe dejarlo en la portería..., temor al desnudo.

Si un feliz electo, bendice al negrito hambriento... Promete medicinas al sediento... y saluda benévolo y señorial, al comediante... también es monarquía. Porque donde hay superioridad, aunque sea fingida, hay monarquía. Que el electo cuando bendice, ofrece, y protege, está entendiendo su magistratura, como acertada y necesaria, vitalicia. Hay ejemplos. En lo que llamamos comunidades autónomas; en lo que llamamos municipios, en lo que llamamos sindicatos: pasas y pasas calendarios, años enteros, décadas también, y ves los mismos rostros, oyes las mismas cosas... por tu bien... y nadie se pone bermejo, ni azul, ni tan siquiera, negro como el café, o el frac. Noir.

La Iglesia, otra antigüedad venerable y prescindible, también es un estado regido por monarca vitalicio, aunque electivo, siendo sus electores, reducido cuerpo de respetables maduros, formalmente solteros..., amigos de lo caldeo,... De ahí, la deriva, los ropones, los mensajes, la fenomenología cerrada..., el dolor mortuorio, “ganarás el pan... con el sudor de sus frentes”... La iglesia, resuelve a puerta cerrada, en cónclave, su sucesión, como hace el rey con la suya, en la intimidad de su real alcoba, también cerrada para el acto. También el poder celestial, es uno, vitalicio, infinito y, por ende, soltero. Hecho así mismo..., más que Zapatero...

Hay que hacer republicanos..., por supuesto, que en la cama también..., que no todo ha de ser predicación, razonar y convencimiento...

Lo malo, lo peor, lo pésimo, no es que vivamos en una monarquía, con lista civil, señor, señora y servicio. Lo pésimo es que con el actual sistema, la escuela, y también la prensa, la radio y la televisión, no redimen del analfabetismo del ayer, sino que lo fomentan. Escuela, prensa, radio y televisión adornan, disfrazan, edulcoran la vejez del sistema..., haciéndolo radiante, como la novia... De suerte que cuando el ciudadano propone las medidas para recobrar la operatividad de la trinidad revolucionaria, librando al hombre de hoy de la huella del sin juicio pasado, arrecia la lluvia de denuestos y necedades... haciendo del republicano, ogro odioso y terrible, cuando en realidad es sujeto bendito por la inocencia y el amor a la humanidad, incluso a sus vecinos más próximos, casi siempre odiosos... olorosos, reaccionarios...

Pidamos al poder que deje, que es no prohibir, pero no imponer, al ciudadano acercarse a la República, para hacer verdad, el mandato milenario: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.

Sed felices: siendo niños, creceremos; creciendo, la vida se abrirá a nosotros, larga, feliz, hasta divertida; siendo como niños, veremos llegar la República de los magos, con escuelas, pizarra, pizarrín y corral de comedias... para ilustrar, igualar y festejar..., por ejemplo, el 14 de abril...

Hoy, querido ciudadano, en vez de ver el futból televisado, juega a la República: cómprate un oso, dale nombre y corónalo; compra una corona de papel con su tarta, y, troceada, cómetela... El dulce es bueno... Acción de comer, cortando y masticando. Serás feliz republicano, haciendo de tu postre, 14 de abril, cuando es flor todo el país...

Recuerda una verdad y ponla de lema: Nunca existió la edad dorada, pero es necesario mantener el sueño y lanzarlo al futuro... La Republica no es necesariamente la edad dorada, pero puede serlo. Al menos deberá ser tiempo de transparencia e integridad... bienes públicos que tanto faltan.

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