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ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS

ARA

30 Marzo 2008

El republicanismo, de Dositeo Rendueles Miranda

EL REPUBLICANISMO.
Dositeo Rendueles Miranda

El republicanismo español tiene dos fechas de guardar: la primera, es la del 11 de febrero y la del 14 de abril, la segunda. Fechas iniciales, las de los buenos recuerdos. Aún falta por determinar el día feliz de la Tercera, que ha de llegar, no alberguen duda...

Celebrado ya el 11 de febrero de este año bizco, basto y bisiesto, nos estamos acercando, remando con los duros oleajes de la crisis del capitalismo internacional, a la segunda estación de la Memoria, la del feliz 14 de abril de 1.931, “¡Cuando, -según cantó el poeta-, es flor todo el país... cuando en fecundo olores, florecen todas las flores menos las flores de lis!”.

El republicanismo es agua limpia y corriente que nos viene de muy alto y de muy lejos. Su nacimiento podríamos encontrarlo en el origen mismo de pueblos, sociedades y rebaños. Para nuestra desgracia por la tierra seca, árida y católica de esta parte de la península Ibérica e islas adyacentes, nuestro arroyo republicano ha sido, además de escaso, más cauteloso Guadiana que caudaloso Ebro.

Lo que es la España de hoy, el reino de los católicos, dicen los estudioso, perdió sus libertades, el mismo momento en que perdieron sus vidas los ciudadanos comuneros. De aquel lejano entonces, acá, salvo año y meses, -de 1.873 y 1874- y cinco en la segunda ocasión, España fue propiedad y sierva de sus señores, fueran Habsburgos, fueran Borbones. Y con Borbones, gracias a Franco, gallego y al inglés cauteloso, seguimos.

El republicanismo quiere que de los pies a la cabeza los puestos públicos, sin excepción del más alto magistrado al más humilde concejal, sean electos. Niega tajantemente, que una persona, una familia, una tribu, un clan, tengan derecho a perpetuarse, de generación en generación, como dueños y poseedores de la coronita del Estado. De la misma manera que niega que el hijo o la hija del Conserje Mayor del Ministerio de Fomento, o del Presidente del Tribunal Supremo de Alicante, por poner dos sencillos ejemplos, sea, a la muerte o por incapacidad de su señor padre, investido con los galones y llaves de Conserje o con la Toga puñetera del Presidente del Tribunal Supremo de Alicante...

El republicanismo, por principio, niega el señorío y vasallaje, el cabezazo y la reverencia, y reniega de la Majestad y de la Alteza, aunque admite al enano, al cabezudo y al humillado reverente...

El republicanismo proclama la igualdad y reconoce el mérito. El republicanismo, no exalta ni el poder ni la riqueza. El republicanismo, tan sólo exalta la virtud, la exactitud y la puntualidad...

La monarquía, las niega todas, y solo reconoce y se envanece del nacimiento en palacio, sea el padre o sea la madre, quien sea y la que sea, como título y causa para acceder al peldaño superior de la sociedad, desde el que quiere recibir por derecho propio, honores, riquezas y reverencias. Hemos de reverenciar al hijo, por ser hijo de su padre o de su madre, y a la hija, cuando la Constitución se reforme, o falta de varón, por igual motivo.

El republicanismo, tan sólo exalta y reconoce como timbre de gloria, el honroso título de ciudadano, que es la condición natural más alta y noble a la que puede aspirar el hombre libre y responsable de sus actos. El republicanismo, reniega, tanto de la soberbia del nacido como de la estupidez del maduro, y si alguna persona aquejada en secreto de este último defecto llegara a ser elegido por lamentable error, o si la afección resultase sobrevenida y grave, ya en el cargo, se le destituye por vía parlamentaria, y si es una estupidez temporal o leve, no vuelve a elegírsele, y estupidez archivada. En la monarquía, no. En este sistema, la estupidez al frente de la jefatura del Estado, salvo terremoto, y por las dificultades y peligros de la sustitución del titular, se soporta vitalicia. Ejemplos, sobran en nuestra historia, y en la historia de los países vecinos, que aún hasta el anteayer histórico fueron monarquías, gobernadas por reyes, vestidos a la “federica” con calzón corto y peluqín, y hoy son repúblicas, en las que el ciudadano presidente, aunque sea Sakorzy, es temporal y responsable, y si no es lo segundo, al buen republicano le queda el consuelo de que su presidente siempre ha de ser lo primero.

Las repúblicas, por ventura, no tienen otras familias que sostener que las familias de sus ciudadanos, que por lo general, se sostienen solas. En las monarquías, además de las familias ciudadanas sostenedoras del Estado, está, punto y aparte, la Real, que es la carga del vasallaje que debemos rendir y sostener coronado entre todos.

La circulación, el corazón y la sangre que da vida a la República, se manifiestan en la igualdad, la responsabilidad y la discreción de cada uno de sus ciudadanos. Cada ciudadano libre, es un soberano auténtico, responsable de sus de sus acciones.

Pero además de todo lo anterior, el republicanismo es Virtud. De la virtud republicana, flor de fecundos olores..., que florece con todas los flores, menos con las flores de lis... hablaremos más entrado el mes de abril

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