El circo

Lorenzo Cordero

El circo electoral inicia la recta final de su jira previa a la sagrada celebración de la palabra de las urnas, que decidirán si Rodríguez Zapatero continúa ejecutando su espectacular equilibrio sobre la cuerda floja en lo mas alto de la tramoya, o si el no menos espectacular número de los tigres sueltos, que tan bien se le da a Mariano Rajoy, sustituirá al del equilibrista. Como simple espectador de este circo político, confieso que si tuviera que elegir entre los sobresaltos que provoca el equilibrista –además trabaja sin red…- y los rugidos de los tigres azuzados por su domador –para que devoren al arriesgado protagonista de los paseos por la cuerda floja, en cuanto se caiga- prefiero los sobresaltos. Principalmente, porque el número que protagoniza Zapatero no es tan carnicero como el que realiza el amo de los tigres…

Puesto a escoger, entre el espectáculo circense de la actual política española y una democracia limpiamente plural, representativa sin alardes circenses, con sinceridad ideológica, sin congojas, sin rugidos ni zarpazos, me quedo con la democracia y rechazo abiertamente el espectáculo de los feroces tigres. Pero desde que se instauró, por decreto, este peculiar régimen democrático, lo único que funciona es el circo formal, no la democracia esencial. Con lo cual, mi deseo es mas utópico que realista.

En este momento, lo único que se puede elegir es al equilibrista o al domador. Quienes se decidan a participar en la liturgia electoral solo podrán escoger a Pinito del Oro o a Ángel Cristo

En una democracia plural, ampliamente participativa, la posibilidad de elegir sería más variada. Habría mas números para escoger aquel que fuera mas afín a las aficiones de cada uno. Pero en este sistema concebido con tanta rigidez mecanicista, preparado solo para que gire alrededor de un único eje ortopédico constreñido absolutamente a sus dos polos (PSOE y PP), no e puede ser exigente: o te decides por el so, o aceptas el arre… Únicamente, si uno es lo suficientemente audaz como para negarse a girar alrededor de ese eje impuesto, lo que se puede hacer es autoexiliarse sin salirse del sistema, pero quedándose fuera de su campo de atracción. Es decir, gravitando en solitario.

Esto conllevaría el riesgo de repetir una no tan vieja experiencia: ser marginado socialmente y denostado políticamente; como ocurría cuando en este país el único gran espectáculo posible era el que daba Tarzán de los monos columpiándose en su liana, desde el Palacio del Pardo, hasta la Plaza de Oriente…

Dirá usted que exagero, pero es evidente que si ignoras a las grandes estrellas de este circo político nacional, si no das muestras de emoción al contemplar las acrobacias de unos y los feroces rugidos de otros, serás considerado como un raro ejemplar humano que no se merece la democracia que reparten gratis.

Esta misma noche televisarán el segundo (des)encuentro entre Zapatero y Rajoy. No creo que se produzcan novedades dignas de mención; aunque en cuestiones políticas, hacer pronósticos es una manera de estrellarse; sentenciar a priori es la mejor manera de romperse la crisma a posteriori.

Sospecho que Zapatero continuará defendiéndose contra los mordiscos y los zarpazos de Rajoy; empeñado éste, en echarlo a sus hambrientos tigres.

Si intentas prescindir del espectáculo nacional y pretendes distraerte con el circo doméstico de la autonomía asturiana, apenas empiezas a mirar a tu alrededor ya te das cuenta de que aquí tampoco hay grandes novedades: un PSOE ultraconservador elaborando candidaturas con los mimbres de siempre; un PP que no sabe si recita monólogos de Pachín de Melás o repite los tópicos de los ideólogos de la FAES, y una Izquierda Unida que no parece tener muy claro si quiere ser de izquierda (obrera) o ha olvidado la letra del agrupémonos todos…

Ante este divertido panorama electoral, a quién vas a votar… ¿A Pinito del Oro; a Ángel Cristo? ¿Al disciplinado funcionario político del PSOE asturiano; al jocoso bablista de Oviedo? Esta es la cuestión.

Lorenzo Cordero. Periodista