Los dolores del Musel, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España
FRANCISCO PRENDES QUIROS
Me imagino que el Presidente de la Autoridad Portuaria y su equipo directivo, que tanto viajan y se desviven por hallar nuevos tráficos y negocios para el gran puerto, hoy automóviles, mañana pizarras, otro día cereales, deben estar padeciendo, no por las esclarecedoras declaraciones de D. Jorge Rodríguez García, claro, claro y de Langreo, sino por las cosas “que no se harán” en el Muselón, como padeció el patriarca S. José, con paciencia y resignación, sus siete dolores y como el señor Rodríguez Vigil, padeció, inmerecidamente, los suyos del petromocho...
Resignación para llevar con bien, el que uno de los invitados del Puerto al viaje de Flandes, se haga brujas manifestando que se abren posibilidades para abrir “líneas” de colaboración en materias como el turismo, o la participación en la Feria Internacional de Muestras, todo ello íntimamente vinculado, aunque poco, a la buena salud del puerto...
Porque el Musel, mientras sigue en sus obras, y con sus sobre costes, no parece contar ya con los ocupantes primeros, que tanto empeño pusieron en rellenarlo; como no encontraron “pexie” las rulas de Llanes, Tazones y Candás... como antes, no encontraron “ganado”, los mercados cubiertos, que todo Alcalde de Concejo rural o semi-rural que se preciara, se empeñó en construir por los años ochenta del siglo pasado. Hay quien dice que lo importante de la obra pública no es su uso, sino el hacerlas... que las constructoras necesitan emplear personal y maquinaria… Las cementeras, poner cemento… y el intermediario, cobrar su comisión, etc. etc.
Primero, contaba el Musel con dos plantas de biodiesel y una regasficadora. Una de las plantas de biodiesel, era gigante; la otra, aunque de Duro, como nuestra, más modesta y participada por la firma del señor Lobeto Lobo.
Muchos meses después de anunciarse las obras, la gigante, ni está ni se la espera; y la más modesta, la de la Duro nuestra, como tampoco encuentra el negocio, queda, al parecer, en simple almacén, silo o aljibe del combustible que de las Américas llegue, como quedaron de almacén, los del aceite de Redondela, de tan agrios recuerdos...
De la Regasificadora, vale más no mentar, no vaya a ser que nos intoxique. Dicen que en el mundo civilizado no dejan ya levantar, por prudencia y caridad, este tipo de catedrales pegaditas a las villas y ciudades costeras...
Y ahora, la aventura del Co2. Menos mal que la nueva fiscal de Gijón, nos ofrece consuelo. Los de aquí, deduzco de sus declaraciones, somos por lo general inocentes. De los delitos relativos a violencia contra la mujer, pregunte usted a los sudamericanos; de los delitos contra la propiedad industrial e intelectual, ¡casi nada!, pregunte usted a los subsaharianos a los que compra Vds.; y de los que van contra la propiedad a secas, pregunte a usted a los ciudadanos del Este,... Da gusto, los de aquí, “semos” del todo inocentes... ¡Y tanto…!
