11 DE FEBRERO, FE Y ESPERANZA
FRANCISCO PRENDES QUIROS

Hoy, 11 de febrero, se cumplen 135 años de la instauración de la República Española. Llegó la República, sin que ni siquiera sus partidarios contaran con ella setenta y dos horas antes, por la firme decisión del prudente D. Amadeo I de Saboya de renunciar a la corona que había recibido de las manos del general muerto.

La Asamblea, reconociendo la voluntad del monarca, le despidió con frases dignas de memoria “(España) no podrá ofrecer a V. M. una corona en lo porvenir, pero le ofrecerá otra dignidad, la dignidad de ciudadano en el seno de un pueblo independiente y libre”. Nuestra dignidad.

El sueño del pueblo independiente y libre, sigue vivo. Hay malestares profundos en nuestra sociedad actual que sólo se explican por la supervivencia o intento de supervivencia de la yedra que durante siglos impidió el libre acceso del español a la condición de pueblo independiente y libre.

La República, a más de negar que la nación pueda heredarse; a más de exigir la elección para acceder, y la temporalidad y la responsabilidad para ejercer la primera magistratura del país, supone la existencia de una ciudadanía, libre de temores, capaz respetar y amar los principios democráticos; capaz de defender la soberanía civil y laica del Estado; capaz de exigir limpieza y transparencia en el manejo de la cosa pública...; capaz saberse y sentirse soberana.

Pudiera parecer osadía recordar los valores republicanos en este día, mejor dicho, en estos días, cuando la institución monárquica se nos “aparenta” plena y consolidada, reconocida y celebrada... Institución feliz en sus recientes redondos aniversarios, sobre todo después de los populares ecos de aquel “por qué no te callas”; cúmulo de circunstancias en que algunos apoyan la tesis de que se ha consolidado la institución. Pero no es osadía recordar y mantener vivo el deseo del régimen republicano, es necesaria alternativa.

La confusión política de estos momentos, en los que al oleaje social y político levantado por las fuerzas ultramontanas durante los cuatro años de la interminable digestión de su derrota, se une al temor económico que interesadamente se agiganta con la campaña que ya está entre nosotros, está evidenciando los desequilibrios del sistema, porque las derechas y su comisión, se han derechizado, hasta recodar la vieja CEDA y sus circunstancias, radicalizando al resto de las posiciones.

Los tiempos que comenzaron con el concierto de la coronación, en noviembre de 1.975, ofrecen la singularidad “desorientadora” de que, quizá por una vez en nuestra historia contemporánea, no existe un movimiento republicano haciendo cuestión del orden monárquico... Los partidos políticos nacionales, al contrario, adoran, inciensan y vitorean la corona, en ella y en su titular, y en su descendencia, ven, o dicen ver, la garantía de todas las seguridades, públicas y privadas; en el cetro, ven la palanca infalible de la concordia y de la paz social; y en el trono, el merecido descanso de tantos años de desencuentros y enfrentamientos... Simples ilusiones.

Porque lo mismo que el heredero espera su turno sucesorio para reinar, varias generaciones de españoles y españolas, esperan el suyo para alcanzar su plenitud ciudadana. Generaciones sin otros temores que los de su problemática incorporación a la rueda de la vida social y económica, cuestión para tantos, tan difícil. Ellas, nada temen del pasado y, por lo tanto, pueden querer diseñar su porvenir sin castas ni privilegios trasnochados. Y, cuando no hay un temor previo, ni hay una tradición incontestada, no hay razón para que sea incuestionable la continuidad del orden reinante.

Nadie debería olvidar que clausurar conventos, expulsar jesuitas y deponer borbones, ha sido una estimulante costumbre nacional.

Acabamos de tomar la ceniza con la que termina el carnaval. En esta breve reflexión, yo terminaría consolando las impaciencias de quienes aspiran a no morir sin ver la coronación solemne de la soberanía popular bajo la forma Republicana, musitando un sencillo “Memento homo (rex) quia pulvis es et in pulverem reverteris”. Todo es temporal, cuestión de tiempos y circunstancias... Lo evidencia que recordemos hoy el 11 de febrero de 1.873, cuando la representación de las Españas ofreció a su exrey, “la dignidad de ciudadano en el seno de un pueblo independiente y libre”...