Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Nuestras opiniones

14 de Abril, Cementerio de Ceares (Gijón)

Ciudadanas y ciudadanos,

Estamos hoy reunidos ante este mausoleo, no para llorar a quienes aquí reposan por defender las ideas que nosotros profesamos, sino para celebrar con ellos, y para recibir de ellos, los alientos con que el 14 de abril de 1.931 proclamaron en la plaza de la Constitución la Segunda República Española, cuyo octogésimo aniversario se celebra hoy en toda España.

Ellos, hoy polvo de mártires, pusieron en la calle y depositaron en las urnas la fuerza necesaria para impulsar el cambio de régimen.

El domingo 12, con sus votos al Frente Electoral Republicano-Socialista, hicieron posible que aquella gran conjunción que abarcaba desde la derecha liberal republicana al partido socialista, pasando por los republicanos reformistas, los republicanos federales y los representantes de la Alianza republicana, alcanzase treinta y un (31) concejales de los treinta y ocho (38) que se elegían...

Fue tan grande el triunfo, que ya a última hora de la tarde del domingo 12, en la plaza del Carmen, en la sede del centro Republicano, se izaba en medio de impresionante silencio la bandera republicana..., que el martes 14, a esta misma hora, las seis y media de la tarde, se colocó como “colgadura” en el balcón de la Casa Consistorial entre de grandes ovaciones...

Aquella elección municipal que marcó la historia de la España moderna, no se presentó al electorado limitada a las cuestiones locales, las fuerzas democráticas hizo de ella auténtico plebiscito nacional sobre la forma de gobierno...

No era el caso el discutir sobre servicios municipales, ni sobre los tan necesarios caminos, la dotación de las escuelas, o el alumbrado público siempre escaso en los barrios..., sino que la idea fuerza que presidió el plebiscito en nuestra villa, como en el resto de España, fue la de “SALIR DE LOS AÑOS INDIGNOS”, liberando al pueblo de la carga de ocho años de opresión, y, como ocurriría después en las elecciones del 36, el conseguir la libertad de los veintitrés (23) presos políticos de la cárcel del Coto...; y reivindicar la figura del joven CARLOS TUERO MORAN, muerto en el interior de la Iglesiona, cuando los sucesos del mes de diciembre anterior, por disparos que se atribuyeron al P. Elorriaga...

“El P. Elorriga no puede ser más cura

Porque mandó a Tuero a la sepultura”,

rezaba una canción que se hizo popular en aquel tiempo.

Y como la conducción del cadáver de Tuero a Ceares en el diciembre anterior, había sido casi clandestina por imposición de la autoridad militar, en la tarde del domingo 5 de abril, una multitud de varios millares de personas convocadas por el Sindicato Metalúrgico al que perteneció Tuero, entre la que predominaban mujeres portando ramos de flores, se dieron cita en Begoña para desde allí subir en ordenada manifestación hasta este cementerio, para cubrir de flores la tumba, que en tierra civil, contenía los restos aún calientes del joven Tuero, al que uno de los presos, Manuel Menéndez, le dedicaba un escrito diciendo:

“Tu has ofrendado tu vida y tu juventud en aras de un ideal; nosotros, la libertad, en busca de otros horizontes para España...

¡Horizontes de armonía y de justicia! ¡Horizontes de Paz!...

Armonía. Justicia. Paz. Libertad. Igualdad. Fraternidad....

Y por esos impulsos, por esa fuerza, por ese querer salir del pozo negro de los “años indignos”, llegó el día de la República, la Segunda, hace hoy ochenta años...

“Fue una tarde llena de grandes y lejanos ecos, divinamente equilibrada entre oro y azul. Los estanques estaban muy quietos y brillantes, las enramadas, floridas y umbrías; el mar, ensoñadoramente largo y horizontal; el cielo hondo y seguro como una columna de mármol”. Escribió Julián Ayesta, recordando cómo recibió, a sus doce años, en el colegio de los Jesuitas, la noticia de la proclamación de la República.

 

Hoy lo sabemos todo. Desde la plaza del Carmen, que en la tarde de aquel martes, sin acuerdo ninguno, pasó a llamarse plaza del Capitán Galán, a la de la Constitución que pronto pasaría a llamarse de la República, aún suben a lo alto de este Sucu, la alegría, los vivas, los discursos, los himnos de Riego y la universal Marsellesa. Aquí vemos las banderas tricolores. Desde aquí podemos sentir las emociones vivas de aquellos momentos.

Vuelve a hablarse de la Republica. Unos ensalzan su significado. Otros prefieren resaltar los excesos de aquellos momentos. Excesos provocados, desde el mismo día 14, por los “aparentes” perdedores... Que los republicanos sólo tenían voz para reclamar quietud, sensatez y orden...

 

Conocemos el sistema. Todavía hoy, quienes disfrutan de los injustificables privilegios de un concordato preconstitucional, se dicen perseguidos en su fe... Quienes amenazan, insultan y encanallan, dicen sentir miedo de un Estado policial, cuando el pobre es poco más que indefenso Cordero...

Quienes todo lo tienen, dicen que nadie defiende sus capitales y propiedades..., mientras el pueblo sufre recortes y el edificio del bienestar social, duramente levantado, se sacrifica en el ara mayor del todo poderoso Mercado...

Los cuarenta años de Franco, fueron, sin duda, años de mucha mayor ignominia que los ocho de la dictadura que precedió al cambio...

Franco a su muerte, dejó la nación muda y coronada por sus leyes. Otra ignominia. Su última ignominia.

Y a la memoria, a los esfuerzos y a los entusiasmos de los que aquí reposan, y a la de quienes ni sabemos donde reposan, y a la de los que murieron en el exilio, y a la de los millones que pudieron morir silenciosamente en sus casas, después de una vida de humillación y disimulo, debemos ofrecer nuestro esfuerzo.

Francisco Prendes Quirós. Presidente del Ateneo Republicano de Asturias

El abril republicano, de Francisco Prendes Quirós

Desde hace ya muchos años, Abril es el mes de la República, porque en él, tal día como hoy, pero martes y 14, se proclamó entre alegrías mil la Segunda República Española; alegrías y despedidas de la situación anterior, que el célebre Luis de Tapia recogió en su nunca del todo olvidada copla “SE FUE” del periódico “La Libertad”,

“¡Se fue!... ¡Por la carretera!

Marcha un rey a la frontera!...

¡Un día de primavera

brinda el aire aromas mil!

¡Se fue entre finos olores

de los almendros en flores!...

¡Qué gran castigo, lectores!...

¡Dejar España en Abril!...

***

¡Que se vaya!...¡Que no vuelva!…

¡Viva la España sin rey!

***

¡Se fue!... ¡Sobra toda saña!

“¡Ya es triste cruzar la España

cuando es flor todo el país!...

¡Cuando en fecundos olores

florecen todas las flores

menos las flores de lis!”

... Y terminó aquella infeliz república, a la que sus enemigos acosaron desde su primer vagido, como cascada de sangre y lágrimas, un terrible Primero de Abril de 1.939. Todo en el mes de Abril. El republicano abril.

Aún cuando el hábito ya ha hecho al monje, convendría separar radicalmente la fecha del 14, el día de la feliz sorpresa, de los tristes recuerdos de los fracasos y las traiciones al ideal republicano; y, por supuesto, de las conmemoraciones y las reparaciones obligadas por el drama de la guerra civil.

La República no vino a traer la guerra fraticida. La guerra sin cuartel se la pusieron sus enemigos, aquellos mismos que durante siglos violentaron cuerpos y conciencias. Los que a lo largo de la historia “gozaron” del satánico beneficio de la impunidad total por todas sus fechorías e imposiciones.

Un gijonés, descendiente de marinos pobres, Alicio Garcia Toral, (Garcitoral), escritor de sencillas novelas y político de base, que militó en las filas del Partido Republicano Radical Socialista, y que como tantos y tantos de su generación, que no dejaron la vida en las trincheras o asesinados en las cunetas, hubo de emprender el camino del exilio, nos dejó escrita y publicada en Buenos Aires en 1.941, una obra que lleva por título “La Tercera República Española”, porque el bueno de Alicio estaba convencido, como tantos los han estado y tantos lo estamos, de que esa Tercera República, indefectiblemente, antes o después, se proclamará en España.

Alicio, como si fuera testigo de lo que hoy ocurre, dejó escrito que el hecho más desmoralizador de la historia España, la pasada del siglo XIX y la que él vivió como presente, era el “impunismo”. Y señalaba que no había habido responsabilidades para la catástrofe del 98, ni para la de 1.909, ni para las Juntas militares de 1.917, ni para el caos marroquí de 1.921, ni para la dictadura de los siete años, del 23 al 30, ni para los militares de 1.932... Después, podemos seguir con la relación que él dejó inacabada, no las ha habido por la sangría del “alzamiento”, ni por la larga y negra etapa dictatorial de los treinta y seis años, que comenzó el primero de abril del 39, y que medio concluyó, en lo que significa sangre y persecución directa, con la muerte del dictador (¿santo o satanás?) el 20 de noviembre de 1.975. Ésta de la desaparición física del impiadoso dictador podría ser, entre otras (el mismo 18 de Julio, o el 1º de abril) buena fecha para rememorar, en cementerios y cunetas, “sin odio, sin rencor, pero el recuerdo vivo”, los raudales de sangre que tiñeron las calles, las plazas y los campos de la pobre España. Buena fecha para inaugurar monumentos al recuerdo de los mártires olvidados.

“Un país entregado al impunismo desde cincuenta años (más de cien hoy) es un país totalmente desmoralizad, llagado”. Escribió Alicio,... ¡Y cuánta razón tenía… y sigyue teniendo!

La República, a su entender, surgió de las urnas (12 de abril) cuando por primera vez éstas se abrieron sin fraude. Y de ellas, como por encanto inesperado, por la fuerza misma de las cosas, surgió el 14 de abril de hace 79 años, la Segunda de nuestras repúblicas.

La salida pactada/impuesta por los “impunistas”, que desde todas las instancias y en todos los ámbitos habían servido alegremente al dictador y su dictadura, con los representantes de la temerosa y acomplejada oposición, consciente de su debilidad y falta de músculo, -que los efectos de treinta y seis años de dictadura de Franco, no fueron los mismos que la de los siete de Primo-, impidieron el resurgir del tan borrado ideal republicano, y hasta el ondear de la bandera tricolor; por ese fraude, de las urnas del 77 no surgió la República, sino un ratón democrático y la consagración de la absoluta “impunidad” de los “persecutores” que ahora todo lo denuncian; situación que tanto desespera y conturba las conciencias de quienes se reclaman demócratas.

Sean cuales sean los gestos y los nombres con que se han bautizado los partidos presentes, lo cierto es que, salvo los naturales progresos impuestos por los tiempos en temas de respetos formales a la expresión y participación, y lo referente a la atención social, las cuestiones pendientes de resolver por nuestra sociedad político-civil, “supresión del trono y las rentas estancas y las contribuciones indirectas, y la radical separación del Estado de la iglesia”, son las misma que ya eran bandera cuando, allá por la mitad del siglo XIX surgió contra la explotación general y sus instrumentos, corona, dalmáticas, espadones y caciques, el partido Demócrata, precursor del republicanismo todo.

Otro 14 de abril, salido de unas urnas limpias, es el baño de higiene democrática que, con urgencia, necesitamos todos.

Abril de 2.011. Ochenta años después. ¿Por qué no?. LA TERCERA REPUBLICA, COMO LA PRIMAVERA, TAMBIÉN EN ABRIL.

Francisco Prendes Quirós. Presidente del Ateneo Repúblicano de Asturias

Virtud y realidad republicana, de Francisco Prendes Quirós

Virtud y realidad republicana, de Francisco Prendes Quirós

En este reino, reina, a más del titular del reino, el vicio cívico: desigualdad, insolidaridad, robo, defraudación, cohecho, son las señales de identidad de grupos, personas y sociedades. Ni las más pías organizaciones, ahí esta la Conferencia de los Obispos, nido de víboras preparadas para asaltar al Estado,  se libran de esta trágica  identidad.

Son ya muchos los libros que narran la forma y manera en que los edecanes regios labraron la fortuna personal de S.M.

Frente a la FORTUNA ACTUAL, don Gonzalo Puente Ojea, secretario de la embajada de España de Atenas, antes, cuando y después de la boda del aspirante al trono con la entonces princesa Sofía de Grecia, recuerda las apuros económicos del actual monarca, cuando no tenía por  ningún título, ni fortuna familiar, o  otros ingresos que los cuarenta mil duros que irregularmente le hacia llegar el general incubador del  reino, don Francisco Franco Bahamonde, al parecer padre putativo de doña Carmen, del mismo apellido, que por gracia real ostenta el título, quizá hasta con grandeza, de duquesa de Franco…, reconociendo en ellas la virtudes del dictador y asesino.

De jugar con trenes eléctricos y pedir dinero a toda hora, a fortuna grande, pasando por  capítulos tan  chuscos y conocidos, de las cartas árabes con las que el amigo de una sola mano, pedía  millones a los primos árabes…, para  engrasar los dos carrillos, el político y el personal: la fortuna.

Si tal es la conducta económica y moral de la cabeza del Estado, ¿Qué puede extrañarnos  que de ella abajo, todo el cuerpo social, cuello, pecho, espalda,  cadera, pies y manos, del Presidente Autonómico al humilde concejal, emplee sus momentos libres y las oportunidades de sus conocimientos,  en atesorar la posible  “fortunita” personal, que ha de garantizar la independencia ideológica del interesado,  y hasta residencial, cuando el “manitas” alcance el dichoso umbral de la tercera edad.

Al norte, al sur, al este y al oeste, la vida publica del reino de España “linda” (parece nombre de vaca) con la corrupción. Las islas, por afortunadas, no iban a ser menos.

Tampoco habían de quedar atrás ni la casta valencia, ni la señorial Barcelona.

Todo es lodo. Comisión. Obra. Camino. Puerto.

Ni un solo ciudadano puede sentirse orgulloso de pertenecer a semejante camada de lobos hambrientos. Ni la primera casa puede seguir colocando hijas/hijos, yernos en puestos inútiles, pero regiamente retribuidos, por el solo méritos de “ser vos quien sois”. Resulta un insulto a las generaciones jóvenes el que las infantas y "consuertes" perciban tremendos salarios y se lucren de influencias y proyectos.

Frente a tanta humillación, sólo queda la ilusión de la edad de oro. Nunca ha habido edad de oro, es cierto, pero es necesario seguir manteniendo su ilusión, para que lanzándola al futuro, la espera del mañana honrado pueda sernos soportable.

No se trata de cambiar cuatro leyes. Leyes sobran. Y muchas deben cambiarse también, las electorales y de partidos. Y la constitución para dar entrada a la soberanía popular.

Robar y matar está penado en todos los códigos. De los que, incluso, no están exentos los reyes. Se trata de cambiar el talante, el horizonte, la razón de estar en el, o al,  servicio público.

Se trata de clamar por la virtud cívica. Por  la dignidad. Por la cultura y el orgullo ciudadano.

Cuando despreciemos al rico constructor, que cementa su fortuna en la necesidad del techo de los más, y en el empleo de los peores materiales,  y admiremos al sabio que ofrece su saber y su ejemplo a la juventud: Habremos progresado. Cuando seamos capaces de lanzar desde todas las ventanas todos los televisores a la calle: Habremos progresado. Cuando seamos capaces de cerrar, con leyes justas, la entrada y  paso por el país a los berlusconis del mundo entero: Habremos progresado. Cuando seamos capaces de arrancar del pecho de los españoles la cruz del temor, y de nuestros cuellos,  el yugo de la conformidad  ignorante: Habremos progresado.

Cuando dejemos de entender y aceptar  que un futbolista, o un tenista, o un golfista, seguramente golfos los tres, ganen decenas de millones, y un científico cien mil euros al año: Habremos progresado.

Cuando hayamos asumido que no hay más soberano que el pueblo libre, instruido, y menos instruido: Habremos dado un poaso importante para alcanzar la condición honorífica de ser  ciudadanos de la República Ideal.

Por ahora la República es un Ideal, frente a la corrupción real: pronto, si somos capaces de ser libres y responsables de nuestros actos y omisiones,  la República, con paz y  sin patrones borbones,  será  espléndida realidad.

Cuando  acaba este año fatal, en que la juventud ha perdido su trabajo, mientras  la Casa ganó en pluriempleo, es el momento de lanzar un entusiasta  Sursum Corda, y brindar porque el próximo año 2010 sea el año de la Tercera  República real…

Por la Tercera República.

A los sones de la música de Riego,

¡¡¡Viva la República!!!.

Jovellanos y la Plaza del 6 de agosto, un 6 de agosto por Francisco Prendes Quirós

Señoras, Señores, Señora Alcaldesa

A falta de razones de peso, pues me faltan títulos y saberes para ello, tengo que atribuir mi presencia hoy aquí, Señora Alcaldesa, a vuestra generosa amistad... Y puesto a buscar otros motivos para justificarme en este solemne acto, sólo se me ocurre el de que pasé buena parte de mi niñez y casi toda mi juventud en esta plaza del Seis de Agosto y sus alrededores. Presidía la plaza, como hoy, esta severa estatua de Jovellanos en traje de magistrado.

De niños, la pandilla de pequeños vecinos de Jovino, que componíamos los Sarmientos, Salman, Carrascos y algunos más, por la acera grande de la casa de los hermanos Álvarez, los honrados carniceros del “Mercado del Sur”, entre la peluquería, que en su lugar sigue, los ultramarinos de Santos, la peluquería de Florina y los escaparates de “La Villa de Gijón”, -de donde sin rudeza procuraban apartarnos las hermanas Puente-, jugábamos a las chapas, a la peonza, al pío campo, a carreras, o al escondite, practicando, sin saberlo, una sociabilidad activa que los sabios echan hoy muy en falta... Y cuando el querido y malogrado amigo Jesús Oliva lo consentía, en su bici con motor, novedad inaudita en los comienzos de los años cincuenta, dábamos vueltas al jardín donde, descansaba impertérrito Jovino...

Más adelante, cuando comenzaban los sesenta, gracias al insistente consejo del doctor Marcelo Juliana compré los “Diarios de Jovellanos”, en la edición de tres tomos del Instituto de Estudios Asturianos en la pequeña Librería Stella, que Mina y Avelina habían abierto en la calle de San Agustín después del cierre de la Stella grande. Y en aquellas páginas que sigo leyendo con fruición, comencé, y en ello sigo, dando vueltas y más vueltas a los días, paseos, lecturas y trabajos que cada jornada emprendía don Gaspar en el pequeño Gijón de su tiempo. Y en su lectura he sentido con él, el vértigo por todo lo gijonés, que le acompañó, incluso, en sus días más amargos.

En este 6 de agosto 2009, tan próximo al año del bicentenario del regreso y muerte del señor Jovellanos, sólo pretendo, reviviendo dos de sus grandes deseos, formularos, señora, tres peticiones: Que recabéis el regreso de su retrato; que levantéis su panteón y, por fin, que declaréis este día como el de su fiesta, haciéndola la fiesta oficial de Gijón....

Fue, hoy lo sabemos con certeza, en la mañana del día 7 de agosto de 1.811, cuando Jovellanos, viejo y estropeado, llegó a besar su cuna, con el confesado propósito a Lord Holland, de vivir y morir aquí, entre los suyos.

Habían pasado desde que dejó su casa familiar de Cimadevilla, preso y humillado, once años, cuatro meses y veinticinco días, los más en prisión. Todos, de trabajos y sufrimientos.

A su regreso, encontró Jovino su casa en pie, pero ultrajada; sus pinturas y librería, casi destruidas; su Instituto, arrasado; y como no todo habían de ser amarguras, halló también el cariño inalterado de su pueblo, de sus íntimos y familiares y, particularmente, el de su inseparable Petris, al que tres meses después la muerte, casi simultánea en Puerto Vega, uniría para siempre.

Hoy, una imagen del Jovino mozo, que con el arenal de San Lorenzo al fondo pintara Goya en Madrid, descansa, perfectamente instalado, es justo reconocerlo, en una de las salas del Museo de Bellas Artes de Oviedo.... Pero, señora Alcaldesa, señores y señoras, para las solemnidades del 2011 es preciso que su retrato se encuentra ya en su cuna gijonesa, pues el propio Jovellanos le había destinado a formar parte de su casa familiar, como lo estuvo durante muchos años.

No olvidemos que él, en vida, nunca acabó de “encontrarse” en la capital: “nadie tiene menos apego que yo a Oviedo”, escribió en carta de 1.792 al canónigo González Posada. Y también, con la misma confianza, le confesó otro día, “No me encuentro sino en Gijón”...

Y a pesar de ello, desde que un notable, que sin haber nacido en esta villa se honra de gijonés, dispusiera por su autoridad que el retrato se depositara en el Museo de Bellas Artes de Asturias, -donde es una obra de arte más, y no la más notable, como tampoco es el mejor de los retratos de la mano de Goya-..., por creer que en su cuna no contábamos para acogerlo con espacio suficientemente digno, o suficientemente seguro, allí sigue...

Entiendo que Gijón sí tiene lugar para depositar con toda dignidad la imagen de Jovellanos, que aquí, entre nosotros, en su cuna natal, es mucho más que una obra de arte, aunque fuera la mejor pintura del mundo; porque aquí, en su Gijón, Jovellanos es el símbolo y el faro; el pendón y el ejemplo, y es el estandarte mayor de la villa. El retrato puede encontrar buen acomodo en el Consistorio; o bien, en la Casa familiar, despojada de las adherencias actuales, que para entonces adelantada irá la gran obra del Convento que acogió a su hermana, que podría ser la tercera ubicación posible del lienzo de Goya...

Imaginad, señora, para el año 2.011, el salón de recepciones de la Casa Consistorial ennoblecido con la sola presencia del retrato de Jovellanos sobre el arenal de San Lorenzo, presidiendo la solemne ceremonia de presentación del último de los tomos de su Obra Completa... O, imaginadlo, por un momento, presidiendo el salón de vuestras sesiones: ordenando y conteniendo con su silenciosa presencia, los brotes, que más de una vez despuntan en la sala, de alguna de las dos plagas que él ya señalaba como males connaturales de la villa: la de “los muchos envidiosos que no son de fiar”, y la de los no pocos ignorantes, que ante cualquier novedad “lloran como los niños cuando les limpian la caca”.

Supongamos, señoras y señores, que la imagen de Jovellanos ya está en Gijón..., y aún quedará, señora Alcaldesa, por cumplir el último de sus deseos, todavía inalcanzado. Deseo, por cierto, reiteradamente expresado en sus memorias testamentarias: “Que me entierren o (de no morir en Gijón) se trasladen mis restos al cementerio de Gijón”.

Y sin embargo, el mejor de nuestros vecinos, aunque quizá el más desgraciado de los hombres, nunca, en ningún momento de estos 198 años que en noviembre van a cumplirse de su trágica muerte, vio cumplido el sencillo deseo de que sus restos descansaran en el Cementerio de Gijón.

Señora, aún está a tiempo la Corporación, porque aún hay días para disponer lo necesario para que el 6 de agosto de 2011, o el 27 de noviembre, los restos de nuestro primer vecino sean conducidos solemnemente hasta su Panteón, que debería erigirse en la corona del cementerio de Ceares, aprovechando, es una posibilidad, la capilla que allí existe, hoy prácticamente en desuso.

Allí, rodeado de los restos de otros gijoneses escogidos, deberían encontrar sus cenizas definitivo reposo.

Panteón gijonés, en lo alto de la villa, dominando la planicie que se extiende hasta Veriña y Torres, y desde los Pericones a las colinas que cierran Somió y San Martín, por los otros costados.

Señora, si lograsteis estos últimos años hacer de Gijón, como Jovino soñara, una villa de umbrías y arboladas sendas, con barrios dotados de cuidados jardines y paseos; si pronto vais a lograr culminar el gran parque de los Pericones que rodea el viejo cementerio del Sucu, dando aquel lugar de dolor, nueva significación cívica; Culminaríais admirablemente tan gran obra, erigiendo el Panteón donde se acojan los restos del gijonés más ilustre. Vos podéis, señora, dar con toda dignidad, al noble magistrado que nos preside, el último de sus deseos...

Y termino, pidiendo mil perdones por haberme extendido; y atreviéndome a realizar la última petición: Que la ceremonia de este señalado día que el amigo Alfredo Liñero impulsó para conmemorar el esperado regreso del hijo bien amado, de paso a la fiesta oficial de Gijón.

La figura de Jovino es la figura indiscutida de Gijón, casi, me atrevería a decir, que desde la misma fecha de su nacimiento. Bien amado hoy del Gijón conservador, Jovellanos fue admirado también por el Gijón republicano. En marzo de 1.873, a las tres semanas de proclamarse la 1ª República, los probos ciudadanos que ocuparon las sillas consistoriales, aprobaron por unanimidad el encargar la estatua de Jovellanos en mármol para instalarla en el centro del pueblo, o sea en la Plaza de la República, hoy Plaza Mayor...

Con los planes de Jovellanos, Gijón configuró su futuro... En su ejemplo y en su obra, está, tanto nuestra identidad como el mañana de la villa. Con él, se inician las preocupaciones por el Puerto...

Pocos lugares pueden tener la honra de contar con un protector laico. Gijón la tiene y debe celebrarlo. Con la suya, señora, podrían iniciarse las fiestas oficiales del Agosto gijonés, tan alegres, luminosas y sonoras...

Que así sea. Mil perdones. Y otras tantas gracias por vuestra paciencia.

EN LOS BROTES VERDES DONDE COME EL OSO DE LLUEVES DE FRANCISCO PRENDES QUIROS

Estamos en el tiempo feliz de los brotes verdes primaverales que anuncian el revivir de nuestros montes y valles. Este es el tiempo en que el Oso abandona su negra osera y feliz saluda al nuevo sol, y toma su primer sustento, el “de los brotes verdes”, al que enseguida suma el arándano, la bellota, la avellana silvestre.

Brotes verdes que no son, precisamente, los brotes verdes de “un” cierto repuntar económico que no ha mucho, y con muy buena voluntad, quiso ver en su jardín la segunda señora vicepresidenta económica de nuestro Gobierno Central.

De los brotes verdes de una primavera fragorosa de hace más de mil años, comió el Oso poderoso que mató al pie de su cueva de Llueves al Rey Favila. El pueblo es el Oso, tan alto, tan noble, tan fuerte, tan fiero..., cantó a su modo don Alfonso Camín, el Gijonés Universal.

Hoy, un trío de osos sumisos y cautivos, ni altos, ni nobles, ni fuertes, ni fieros, el pueblo en cautividad no tiene tales atributos, hacen las delicias de la masa, esclava tonta, con el número de su monta amorosa que, villanos voyeures, recogen en sus cámaras y difunden, día sí y otro también, los periódicos y las televisiones que sirven al poder como rica planta adormidera del pueblo manso.

Es la innoble noticia de la reproducción del oso en cautiverio. La más antigua villanía. La reproducción en cautiverio de la humanidad subyugada; sobre ella, sobre la humanidad subyugada, asentaron su trono los reyes y su tiara los pontífices. Dos monarquías unidas: la reproductiva por lecho y la electiva por colegio de colegas. Trono y Altar, reinando sobre la humanidad tonta que representan Paca, Tola y Furaco.

Verdes brotes de Llueves donde el Oso fiero, sin nombre, alimentó sus fuerzas. Verdes brotes de Llueves, donde Nicolás Estévanez soñara con recuperar la libertad perdida, la dignidad humillada, la fraternidad, impulsora de la humanidad primera.

2009. Mayo. Llueves. Verdes Brotes de Primavera. En Llueves el OSO poderoso, alto, noble, fuerte, fiero... Espera su Hora.

VIVAS DE OTOÑO DESDE LA CONSTITUCIÓN DE AYER PARA LA CONSTITUCIÓN FUTURA.

La Constitución, como se sabe, no es otra cosa que la norma con la que una sociedad política independiente organiza la autoridad, garantizando al propio tiempo la libertad. Alfa y Omega.

Nuestra última Constitución, data de 30 años, pues el pueblo español, sin tener ante sí alternativa posible, que no fuera la de la Resurrección del Caos, o la del Invicto Caudillo, en lo que ahora andan píos, ríos y moas, la refrendó el 6 de diciembre de 1.978. La anterior, la Republicana de 1.931, cumpliría 77 años el próximo 9 de diciembre. No cabe duda de la devoción inmaculada de nuestra “carta”, que va, o inmediatamente antes, o inmediatamente después, de la festividad religiosa de las conchas, fiesta de guardar.

La Constitución anterior a la Republicana, data del 24 de mayo de 1.876, duró largos 55 años, y los vivió tan olvidada y engañada como vive hoy la nuestra sus 30 diciembres, y bien puede llegar a cumplir otros 25, tan profunda ha vuelto a ser la “modorra” borbónico-conformista de nuestra ciudadanía.

Nuestra primera Constitución escrita, -antes fueron las Partidas y las Recopilaciones-, data de 1.808, y nos fue “otorgada” en Bayona, el 6 de julio de 1.808, en el nombre de Dios Todopoderoso por Don José Napoleón I, por la gracia de Dios, y de su hermano, y la desgracia de la familia Borbón, padre Carlos, madre Luisa e hijo Fernando, Rey de las Españas y de las Indias.

Pero nuestra primera Constitución de verdad, la primera Constitución “impuesta” por el pueblo español convertido por ausencia de la regia trinidad, en “temporal” soberano de su destino, fue la de 1.812, “la de Cádiz”, “La Pepa”, promulgada el 19 de marzo. Fue la Constitución de nuestras primeras libertades que, piadosamente, comenzaba así, “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad”. Ni más ni menos que 384 artículos componían su texto. Me cabe resaltar el 2º: “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”. No es ocioso recordarlo como “pilar urbano” que es de nuestro ideal de soberanía republicana.

La Constitución de 1.812, duró lo que tardó el pérfido Fernando VII, en retornar de Bayona. El tirano la violó al poco de pisar tierra española, dicen del felón, que, por naturaleza, fue sujeto de costumbres harto libertinas. Y así lo manifestó el 4 de mayo de 1.814, cuando decidió “...declarar aquella Constitución y aquellos decretos, nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubieran pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo”... Proclamando, seguidamente el Antiguo Régimen: La Real Marcha Atrás.

Gracias a tanto desmán, la Constitución de 1.812 se convirtió en mito, y bandera, pronto teñida de rojo con la sangre de los mártires de la libertad. De 1.814 a 1.820 por proclamarla, o sea por “pronunciarse” públicamente, afirmando su fidelidad a esta Constitución y a lo que representaba, fueron ejecutados sucesivamente: en 1.815, en A Coruña, Porlier; en 1.816, el comisario de guerra Richard y un barbero, en la plaza de la Cebada, de Madrid; en 1.817, Lacy, en Mallorca; en 1.819, el coronel Vidal se libró de acompañar en el patíbulo a sus 18 compañeros por haber fallecido durante el traslado. Y el 1 de enero de 1.820, en Cabezas de San Juan, la “proclamó” Riego, dando así inicio al trienio liberal, “pecado” que el 7 de noviembre de 1.823 purgó en la horca dela Cebada madrileña, no sólo por sus osadías constitucionales, también por su enfermizo respeto a la persona del pérfido monarca. No sabría decir, por los resultados de hoy, si tanta sangre fue semilla de buenos ciudadanos...

Después vinieron, sustituyendo a la Constitución del 12, el Estatuto Real, “otorgado” en Aranjuez el 10 de abril de 1.834, que, sin invocar al Topoderoso, afirma su legalidad en las rocosas Partidas y en la Nueva Recopilación.

En junio de 1.837, como consecuencia de la Revolución Liberal de Espartero, e invocando como fuente de legalidad la Constitución de Cádiz, la Cortes Generales Constituyentes “imponen”, “Decretan y Sancionan” una nueva Constitución, que como la anterior “Carta”, suscribe en nombre de su hija menor, Dª. María Cristina, “La Reina Gobernadora”, la asidua veraneante de Gijón... Su artículo 51, sobre la sucesión en el Trono, hace el 57 de nuestra actual Constitución. ¡Desde tan entonces, nada ha cambiado ni en la forma de hacer en cama los retoños reales, ni en el camino de "lises" para elevarlos al trono!.

Luego, la ola reaccionaria trajo la de 1.845. Dª. Isabel II, “pacta” con sus servidores y cortesanos la Constitución, que da “en Palacio, el 23 de mayo, que se sostuvo a base de frecuentes riegos de sangre liberal. Y tras la también “impuesta” por el pueblo del 69, revolucionaria “ma non tanto” y todavía monárquica, y sin que la breve Iª República tuviera tiempo a publicar la suya, descoronada y libero-federal, reaparecen los borbones, con el XII amoroso, con la “pactada”, u otorgada, del 76, que ha de mal vivir, entre regencia y burlas del XIII de los alfonsos, hasta 1.931, en que el pueblo proclama la IIª República, que supone el cambio radical en la vía de nuestra historia.

Fue en aquel Abril, cuando el arroyuelo murmurante de nuestras libertades, se desbordó por toda España como río poderoso; tanto, que ya antes de ser proclamada la Constitución, ya era odiada y combatida por “los viejos estamentos de la patria”: Alto clero; Nobleza latifundista y Capital contrabandista, con sus eternos secuaces: sotanas, uniformes y levitas.

Fue la Constitución del 31, tan positiva y moderna para nuestra “inmaculada concepción del poder absoluto o semiabsoluto”, que cuando alguien en su cabal sentido quiere justificar la Constitución “pactada” de hoy, (que la voluntad popular no llegó a imponerla, sino que se limitó a recibirla y acatarla), que farisaicamente celebrarán estos días “las mayorías políticas”, dice que la del 78 recoge las mejores “esencias” del 31. Dudoso; que el texto del 31 fue diáfano, y el de la actual, es, de propio intento de los pénense redactores y del viejo fascista gallego, obtuso, inconcreto y confuso.

La “cabriola”, ¿cómo llamar de otra manera este brinco constitucional del 78?, fue redactada, d de noche y por “paradores”, por unas “Cortes” ordinarias, como con las que “pactaban” antiguamente soberanas y soberanos sus constituciones reaccionarias, fuera la de 1.845 o fuera la del 76, y por tanto, no fueron, y carecieron del poder y pujo que acompañan a las cortes extraordinarias o soberanas convocadas al “efecto” de constituir el Estado, por eso se llaman constituyentes, que armonizan orden y garantizan libertades...

La “cabriola” inspirada en la “modélica” transición perjurada por el monarca, obra de Fernández Miranda y otras potencias, nos dejó a los españoles todos con un rey preexistente, una iglesia agazapada, pero potente, y un ejército aparente, con mas generales que soldados, “garante" de la unidad patria”.

30 años después de aquel 6 de diciembre, teniendo los pies en suelo y con la vista puesta en la actualidad, podemos decir que la “cabriola” no ha servido para resolver en este largo tiempo de transición, ninguna de las cuestiones que a la muerte de Franco quedaron mal resueltas o sin resolver: la Corona recibida en sus sienes por el monarca sin refrendo, cuya bendición singular, quedó pospuesta para otra ocasión, quedando refrendada por el único “soberano” dentro del “atado” que nos dejó el fiero ferrolano Hoy, está en cuestión todo el Título II. Sin resolver la territorialidad, que se desenfocó y revolvió de con torcido propósito para que no se notara en el Titulo VIII, la vida y pujanza mantenida por las viejas “nacionalidades” reconocidas en el 31, quedando la solución de la unidad o diversidad, pendiente sine die, de la violencia unas veces, y otras, de las resoluciones del Tribunal competente. Sin lograr, después de siglos de sometimiento de la sociedad civil al poder eclesial, la separación de Iglesia y Estado, cuestión de laicidad y enseñanza, perversamente revuelto todo en los artículos 16 y 27 de la cabriola.

Estas cuestiones no resueltas, pervivencia del franquismo sociológico y de la educación preconciliar, están llamando, con cada vez más apremio a la puerta de la sociedad civil, dividiéndola y revolviendo los ánimos de “practicantes” y “cirujanos”. Tensiones por la corona; tensiones por los territorios; tensiones por las prácticas, las y los símbolos de la religión-superstición mayoritaria-...

Tanto gritar sus ilustrísimas por prebendas, preeminencias y pastoreo de y conciencias, y ¡Oh sorpresa!, los suntuosos caldeos, dejan que las iglesias se vacíen de fieles...

El único camino que puede abrirse ante nosotros republicanos de fe y de práctica, está en proclamar y hacer bandera de la Constitución válida hoy, que ya no es la larga bandera de las libertades decimonónicas, sino la bandera práctica, todavía actual, que marca la Constitución del 31, que, por desgracia, por poco tiempo pudo poner el “mixto”, el correo y hasta los vagones del expreso de nuestro país, en los raíles de la historia de su tiempo...

Aún hoy, aquella bandera constitucional y tricolor del 9 de diciembre de 1.931, que tantas veces recorre nuestras calles en momentos de especiales tensiones, es la bandera del progreso posible.

Proclamésmola, aquí, esta tarde, aunque no seamos, ni corramos los riesgos a que en su tiempo se enfrentaron Porlier, Lacy, o Riego, afirmando con firmeza nuestra fidelidad inquebrantable a los valores ciudadanos y sociales que representó, y aún representa, para todos los que, orgullosamente, nos decimos republicanos.

Diario de Tiburcio Muñoz y Rodríguez

10 Octubre 2008.Día divino.

Pensamiento: EN TIEMPO DE CRISIS CASI LETAL, ES POSIBLE ENCONTRAR EMPLEO MAGNÍFICAMENTE REMUNERADO, Y HASTA QUE LA RIADA SE LLEVE LA RAZA.

Los correligionarios y amigos de IR, Federación de Asturias, gente joven y amiga de los buenos sucesos, han dado a luz un feliz comunicado con ocasión de la noticia, no ha mucho difundida, del buen empleo que la aseguradora MAPFRE ha ofrecido a Dª. Elena de Borbón y Grecia, hija primogénita de los señores reyes del, todavía, reino de España.

Felicitar a la agraciada joven, a sus hijos por lo que el real emolumento, 200.000€ año, significa para su manutención, gastos y estudios, y señores padres, por el descanso que a todo padre produce ver a la familia regiamente colocada, es lo que terminan haciendo los republicanos astures..., como buenos hijos de Riego que son. Felices ellos, los padres y la bien colocada; felices los republicanos por su humorada; y feliz “asina” el señor Príncipe de Asturias, único de los tres regios hijos que aún no cobra nómina de caja, banco o aseguradora, y al que hoy mismo escuché por mi sencillo aparato de radio cantando las bondades y seguridades del complejo financiero nacional. Y bien puede hacerlo su alteza, que bien colocadas tiene ya a sus dos hermanas, no por lo que son, sino por lo que valen, en sendas firmas, que nosotros mantenemos, Caixa y Mapfre...

Estos datos, nimios en verdad, dentro de la cascada de dramáticas convulsiones que hoy arruinan y dejan sin trabajo a medio mundo, conviene, sin embargo recordarlos, para gozar de la igualdad que no distingue, ni de cunas, ni de razas, ni de sangres, y más aún, recordarlos en las vísperas de esta extraña fiesta nacional, 12 de octubre, antaño, “Día de la Raza Franquista”.

Este joven reino, que, estad seguros, va por sus pulsaciones finales, después de tan sólo 32 años y 11 meses de la muerte del General fundador, -“Que Belcebú tenga en los infiernos”, le desea muy cordialmente D. Amadeo Martínez Inglés, que le recuerda, además como “Autócrata y asesino en serie”, páginas 47 y 75 de su última obra, “JUAN CARLOS I, EL ULTIMO BORBÓN”, de muy necesaria lectura-, sin haber logrado encontrar una fecha que no sea la de la raza racial y teresiana, ¡viva el brazo de gitana!, para celebrar el habernos reunido todos, de buena o mala gana, bajo el peso de la corona y el armiño, resulta políticamente impotente. La ciudadanía, llegará el momento en que ha de levantarse de un salto de su postración al pie del gastado trono para correr en pos de la meta feliz de su libertad y soberanía. ¡Otro feliz 14 de abril!

La monarquía de antaño y su entramado, de noblezas y espadones, con la iglesia y sus monaguillos, explotó la “raza”, durante siglos; la de hogaño, rica tan pronto de tantos bienes, ha sido la “epidural” de nuestras conciencias. La españolidad, la raza, la ilusión, la generosidad y el genio de la raza, dormidos. Anestesia, buena y duradera..., la anestesia franquista, que, como las pilas dura y dura...

Del rey tonto, de los viejos falangistas; hemos pasado al rey listo, de los egregios capitalistas y hombres públicos...; mientras que el pueblo, renunciante-rumiante, lleva más de setenta años, viéndolas venir... Aguantó los “crímenes en serie” del autócrata y ahora disfruta con el desenterramiento de los cadáveres de los inocentes mártires anónimos, pero aún nadie ha dicho al heredero: “Ahí están tus títulos, esos son tus poderes; ésta la trágica obra de quien te hizo su heredero.

Bien está que al autócrata se le vayan retirando las estatuas, las medallas, las calles, las plazas y hasta los caballos de hierro..., ¿para cuando el pazo, y los cetros y armiños que él repartió?.

Para celebrar el día de la raza, sólo se me ocurre una fórmula, celebrar la raza de los hombres y mujeres del “31”, que con las urnas como sacacorchos, supieron extraer el tapón de la botella nacional, dejando correr por los secos campos de la España irredenta, el arroyo fresco y murmurante de la libertad y soberanía nacional, que pronto represaron las fuerzas del horror nacional, aún vivas y coleantes...

Cuando la crisis universal amenaza arrastrarlo todo, hasta las complicadas finanzas de la marca blanca del Vaticano; devoto, pido a Rouco que interceda ante su Dios y le pida en mi nombre: “Señor del Gran Poder, que también se lleve la raza”. Amén.

De San Pedro a D. Augusto, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

De San Pedro a D. Augusto, de Francisco Prendes Quirós en La Nueva España

Los amigos de Izquierda Republicana, han tenido la acertada ocurrencia de protestar contra la presencia de la señora alcaldesa en el acto religioso católico de bendición de las aguas de nuestra bahía junto al párroco de la Mayor, y como republicanos laicos, formación de personas de reconocida bondad y seso, en vez de acudir con agua de la Fontica a «bañar» a la autoridad, convocan al sufrido pueblo para concentrarse junto a la estatua de Augusto, «primer ciudadano», gustó el romano llamarse en vida, con una pancarta que ha de rezar: «Por un Estado Laico».

Gesto cívico; lugar idóneo; día soleado; concurrencia, nutrida la de la bendición; sufrida, la del Estado. Trascendente, más que el número, el gesto y la noble aspiración que el gesto apunta «Por un Estado Laico».

Más, si comenzáramos por el principio, los laicos deberíamos iniciar la fiesta cuestionando el patronato de la Villa. ¿Por qué San Pedro, patrón de Gijón?... ¿Por pescador? Pudiera que por esa marina razón, venga la villa celebrándolo desde tiempo inmemorial, aunque el viejo gremio de mareantes invocaba, no a San Pedro, sino a Santa Catalina... la farera.

De los dispendios, comilonas, predicaciones y alegrías por San Pedro, ya existen noticias desde el lejano 1.578, cuando Juan de Caces, sacristán de la Villa y el prior de Santo Domingo, se repartieron seis ducados por las funciones y predicación del santo...

Sin embargo, los antecedentes, el patronato de S. Pedro, no aparece, como tampoco aparece el de San José, en el «Álbum de Honores de Gijón» que comprende, con notable exclusión que no voy a revelar, los discernidos entre 1.866 y 2001, quizá porque lo de San Pedro, como consta en las historias, viene de mucho más allá, quizá del 1.410, cuando comenzó la edificación de la iglesia parroquial que siempre, quizá por estar edificada sobre roca, llevó el nombre del santo apóstol pétreo y pescador. Pedro, santo patrono, con evidente menoscabo de los derechos de San Torcuato, primer santo natural de la villa, o de los del mismísimo Santiago, que llegó a buen puerto en nuestra costa, y se alojó, según tradición, en la casa paterna de San Torcuato, -donde más tarde don Gaspar edificaría las higiénicas habitaciones de su «prao»-, antes de culminar su viaje al fin de la tierra.

Para nada habla don Calisto de Rato y Roces, tan laureado, del patrocinio de San Pedro, ni del patronato de San José, que aún andaba pendiente de edificar, como hoy anda el asilo de San Bango, el notable inversor suizo...

De cuestionarse cívica y laicamente el patrocinio de S. Pedro, la villa podría sopesar colocarse bajo el amparo de las armas de su primer rey, don Pelayo; o a la sombra del fecundo saber, de su primera ciudadano, don Gaspar de Jovellanos, no el del prao, donde encontraron cobijo cientos de parejas de Cimavilla, algunas retratadas por don Sebastián, en su Retablo, y donde, en vida, casi reinó, después de D. Gaspar, el «Quincianu», el famoso violinista ciego, con su «Quinciana». O, si por razón de la crisis general, prefiriéramos colocarnos al amparo de una levita empresarial, podríamos buscar la de D. Anselmo I Cifuentes, el gran emprendedor que proveyó a Gijón de agua y cristales, de caminos y vapores...

Y tal como están los tiempos y por no oír a la ministra hermana del señor Oído, bien pudiéramos buscar también, como solteros, divorciados y viudos, patrona... Empresa, ciertamente, difícil, que escasas son las damas que aparecen en nuestra historia. Mdme. Garrau, la introductora en la villa de las artes hosteleras y culinarias, ciertamente no procede; habríamos de mirar hacia doña Concepción Arenal, la viuda de García, que durante años vivió en el paseo de Begoña...; o, por supuesto, en ello estamos de acuerdo, habríamos de fijarnos en doña Rosario Acuña, la anticlerical señora de Laiglesia, cuyo entierro a hombros de la Providencia al Sucu bajo la lluvia, constituyó el mayor retablo obrero del Gijón progresista.

Honores; reconocimientos; «alabamientos», y hasta «desprendimientos» pardo-populares, se reparten en San Pedro. Tarde de galardones. Si antaño las distinciones eran raras y medidas, hogaño, con periodicidad anual, abundan como las mieses. Raros hijos predilectos, San Pedro, en 1.907; don Dionisio en 1.949; don Nicanor en 1.963..., luego, después de don Torcuato hubo años en que se repartieron a pares, como en 1.992 y 1.994... A manos llenas se reparten actualmente los honores. Merecidos siempre, ¡qué duda cabe!, pero excesivo su número. Tengo amigo, al que apenas abotona la americana de su traje oscuro, que teme le toque cualquier año una de las gracias... «¡Me faltan ánimos para otro traje. Máxime ahora, que decidí incinerarme!»

Antaño, el último traje oscuro lo encargaban los caballeros para la última caja..., ahora, para el apurón de los repartos de San Pedro.