8 Noviembre 2009
El magistrado Alfonso Villagómez recordaba días atrás, en LA OPINIÓN A CORUÑA, el derecho constitucional de los ciudadanos a ser protegidos judicialmente y a que se presuma su inocencia en tanto no recaiga sentencia condenatoria.
Y añade que el procedimiento judicial en averiguación de un posible delito se ve muchas veces perturbado por la información mediática que da por supuesta la culpabilidad del acusado. Advierte contra este incompleto juicio paralelo de los medios de comunicación y señala, igualmente, que el derecho fundamental a recibir información veraz no debe poner en peligro la presunción de inocencia ni atentar contra la independencia de los jueces. Es comprensible la alarma.
Pero aún siendo oportuno y cierto el aviso, conviene matizar que la fiscalización de conductas que la sociedad reprueba no pertenece exclusivamente al ámbito judicial, entre otras razones porque el rechazo legal no satisface ni agota otras pretensiones de matiz ético, no por ello menos relevantes.
Dada la trascendencia grave de sus irremediables disposiciones, el procedimiento judicial exige un cuidado extremo en el tratamiento previo al juicio, para no incurrir en error o estigma de muy difícil reparación, como la pérdida de libertad o reputación. Por el contrario, las consecuencias del reproche social aunque inmerecido, exagerado o sectario, dispone de recursos legales para ser enmendado y reparado. De ahí que el principio de inocencia tenga su aplicación solamente en sede judicial. Así pues, la responsabilidad emanada de comportamientos indeseables no pasa exclusivamente por el juzgado, pues este actúa solamente para restablecer el orden jurídico. En el ámbito político, ideológico, corporativo, o de mera convivencia ciudadana, el mero cumplimiento de la legalidad resulta insuficiente para exonerar un desvío culpable.
Todos los actos de las personas están sometidos al escrutinio público: la desidia, traición o mendacidad en el ámbito político; el incumplimiento o la incoherencia en el obrar respecto a los dictados sociales; también la rapacidad de mercaderes, como la insolidaridad e incivilidad de tantos. Cuando a esos comportamientos insociables se añade la comisión de un delito, tan indecente proceder no ha de ser incluido en esta clasificación más abarcadora, debiendo depurarse en espacios diferentes. Aquí no juega el axioma jurídico de no juzgar dos veces por lo mismo.
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6 Noviembre 2009
La historia del «encontronazo» del juez José Prendes Pando y Díaz Laviada con el dictador Primo de Rivera
Mucho antes de que doña Pilar Pardo, o alguno/a de sus conmilotenes/as, lanzara a la parda basura un copiador con los restos de las cartas que el derrotado capitán Álvarez Cascos enviara al mundo y, por tanto, mucho antes de que el "dividido" Partido Popular Hispánico contribuyera con el voto de su mayor oreja a proteger la imagen del "gominolo" y millonario, dueño y señor de la prensa y televisión de su país, y eximio político "juerguista"..., un gijonés de limpia y marinera cuna, el bergantín "Julián" mandaba don Ceferino, caricaturista de mérito y modelo de juez, osó, como osan hoy los jueces italianos con su Berlusconi, enfrentarse con el que en Madrid hacía sus veces entonces, el "director" Primo de Rivera, al que sus cortesanas, en el fragor de las batallas nocturnas de "Villa Rosa", llamaban mimosamente Miguelito-, por la cuestión de la famosa "Caoba".
Don José Prendes Pando y Díaz Laviada, desempeñaba por aquellos años dictatoriales el Juzgado de Instrucción del Distrito del Congreso en la capital del reino alfonsino, donde, como hoy en Roma, toda necedad y vicio tenían reservado en su circo asiento preferente. Desde la "Casa de Canónigos" siguió don José la vida tragicómica de aquel Madrid rechulapo y verbenero. Allí, se topó el magistrado con personal en apuros de toda clase; distinguido y notable alguno, como don Miguel de Unamuno, o don Indalecio Prieto; del mundo del crimen, los más, como el famoso José Romero, el del crimen de la calle de Jovellanos, en el que perdió la vida el señor Novo, encargado de las obras del teatro Alcázar Español.
Marchaba sin sobresaltos el Juzgado, hasta que don José en su quehacer instructivo se topó con la explosiva "Caoba", cortesana de oscuro color, ojos ardientes y poderosos pechos, los preferidos del director general del concierto nacional para sus noches de toco mocho, vino y rosas...
Así contaba don Vicente Blasco Ibáñez, -¿Qué tiempos padece ahora su costa levantina, (para costas, los de Levante) que en vez de naranjos y esforzados campeones de la verdad y la república, florecen chorizos, fabras, curitas, ricardos y bigotes?- la historia del "encontronazo" entre el Juez honrado y el General de vida alegre:
"La familia de un empresario de teatro de Madrid, reblandecido por los años y los excesos, denuncia a la justicia el secuestro en que se hallaba éste bajo el poder de una cierta trotadora de aceras apodada "La Caoba". El juez, al enterarse de que la Caoba daba cocaína y otros estupefacientes a su viejo amigo, ordenó su procesamiento (y prisión). Y es al llegar a este punto, cuando el "director" encargado de hacer la felicidad de España, olvida sus importantes ocupaciones para concentrar todas sus facultades de guerrero y estadista en la solución de dicho caso.
Y para devolver la libertad a su "Caoba" querida, "ordenó" al juez gijonés que decretara su inmediata libertad..., y desatendida la orden verbal, como el "director" sabía, además de beber y joder, mandar, leer y escribir, dirigió al juez un volante particular, reiterándole que sin perjuicio de la tramitación correspondiente, estimaba (él) que la señorita Caoba no debía seguir detenida mientras que los cargos que se le hacían no estuviesen plenamente confirmados. Don José, -como gijonés de tres cepas, caballero y fino-, contestó al dictador en términos medidos y corteses, anunciándole que para que no se perdiera el ejemplar volante, lo unía al sumario...
Rebotóse el golpista, amante y pendón, y sin dilación puso en conocimiento del presidente del Supremo la desobediente conducta del juez gijonés. Don Buenaventura Muñoz y Rodríguez, que era digno del alto cargo que ocupaba, amparó la independencia de don José... Y el dictador, ni bebido, ni corto, ni perezoso, pidió la firma de su rey, abuelo del actual, y jubiló forzoso al honrado presidente por decreto dado en Palacio el día 7 de febrero de 1924.
El 13 siguiente, a las dos de la tarde, y con gran solemnidad, tomaba posesión del alto puesto el señor Tornos. Don José, que había sido apartado temporalmente de su puesto, se posesionaba nuevamente de él, el mismo día a las 9:30 de la mañana. El día 11 de abril siguiente, don José era alejado de Madrid y enviado a Albacete como magistrado de su Audiencia Territorial.
La historia nos enseña así que en cada una de sus momentos, 1924, 1936, 2009, sea en Madrid, sea en Roma, aquí mismo, o en Murcia, siempre hay un político, o un ciento; una obra, o un papel que tirar a la basura.
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5 Noviembre 2009
Republicanos dinámicos hay relativamente pocos, encuadrados, eso si, en muchas y dispersas organizaciones. Cada uno defiende “su” modelo de república, aunque algunos discrepan por creer que sólo con la República (sea la que sea y como sea) se sacará a España del grave caos que la asola. Otros, mostrencos, critican duramente a sus correligionarios, de forma contradictoria pues al mismo tiempo les invitan a fundar juntos una república original, genuinamente española y con vocación de referencia. El desbarajuste de este fragmentado colectivo es de tal envergadura que impide la existencia de la necesaria unidad de propósito.
Asimismo se evidencia que hay muchos modelos de república. Casi tantos como republicanos. En el mundo hay cerca de doscientos países y la mayoría se definen a sí mismos como república (sólo una treintena son monarquías, la mayor parte asiáticas). Así, Francia, Austria o USA afirman ser repúblicas, pero también dicen serlo Siria, Congo o Corea del Norte. Es un muestrario variopinto: hay repúblicas vitalicias, despóticas, totalitarias, hereditarias, bananeras, teocráticas… ¿Pero son repúblicas verdaderas o son dictaduras que usan como tapadera democrática una denominación prestigiosa, aunque sea imprecisa?
Aprovechando esas abismales diferencias los adversarios del régimen republicano manipulan torticeramente las polémicas comparativas. Cuando un republicano afirma, por ejemplo, que “la república es el menos malo de los sistemas que existen para organizar el Estado”, le rebaten comparando la monarquía con la peor seudo república. Para esclarecer tan malévola y deshonesta confusión habría que determinar lo que es una República con mayor concreción y rigor que las múltiples acepciones que tienen los diccionarios.
Pero, ¿como definir ésta en muy pocas palabras? En principio, la República debe ostentar los valores morales del republicanismo cívico, es decir: virtud, libertad, igualdad, fraternidad, dignidad, honestidad, laicismo, tolerancia, concordia… Por supuesto debe tener sufragio universal, elecciones limpias, separación de poderes, elección periódica y temporal de los altos cargos del Estado…; y, como sublimación de la democracia, tiene que ser universal, neutra, objetiva y arbitral. (Sin estos requisitos sólo sería una seudo república).
¿Qué ofrece esta República? ¿No es de Azaña la acertada frase que lo compendia?: La república no hace felices a las personas, las hace simplemente personas, dictaminó aquél.
Se dice que a los republicanos les sobra nostalgia y revanchismo y les falta visión de conjunto, humildad y percepción de la realidad, pues dada la frágil y ruinosa situación de la que se parte, habría que crear la III República simplemente copiando lo mejor de las dos o tres más maduras, evolucionadas y civilizadas, de sobra conocidas por todo el mundo.
Como remate surge la pregunta del millón: ¿tendrá el republicanismo cívico la autoridad suficiente como para ver detallados sus valores en la Constitución de la ya cercana República? Ello dependerá, en parte, del sentido común de su asociacionismo, sumido ahora en un confuso proceso. Porque éste puede discurrir de dos maneras opuestas:
1ª Seguir fundando más y más organizaciones disociadas, a pesar de que ya existen más de cien a nivel estatal, lo que sería costoso, inoperante e, incluso, destructivo.
2ª La otra opción consiste en que, previo deslinde de los postulados totalitarios que desacreditan y desvirtúan la institución, personalidades democráticas notables constituyan una gran Plataforma o Tribuna pro República fiable, creíble y moderada. Las personas y formaciones adheridas se coordinarían utilizando la red Internet (ágil, eficaz y barata), mediante la cual Obama ganó las elecciones USA. El republicanismo cívico, ortodoxo o moderado recuperaría así el prestigio, la credibilidad y la imagen señera, ha tiempo perdidos.
De que se elija en estos momentos una u otra opción dependerá la posición del republicanismo cívico y, por tanto, las posibilidades de que la ya próxima III República Española ocupe un puesto privilegiado en el concierto mundial de repúblicas avanzadas.
¡A LA REPÚBLICA POR INTERNET!
Luis Barcenilla Cubillo
Expresidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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4 Noviembre 2009
Para dar un respiro entre tanto dogma y ceremonial, el cristianismo permitió a sus fieles disponer de un espacio temporal festivo, con el fin de hacer menos rigurosa la observancia de sus gravosos preceptos. Eso sí, moderadamente y sin atisbos carnales, como si se tratara de simples juegos infantiles. Nada que ver con las tradiciones remotas de los llamados paganos.
Los antiguos señalaban determinados días del año para celebrar acontecimientos que se repetían, como el advenimiento de las cuatro estaciones. Las más antiguas tradiciones tienen que ver con la recolección de cosechas, y era tal el regocijo que les producía aquella abundancia, que solían terminar en orgías tumultuosas.
Conforme avanzaba la cristianización, estas costumbres fueron erradicadas, con lo cual desaparecieron casi sin dejar rastro. O fueron suplantadas convirtiéndose en una nueva versión edulcorada del suceso.
Algunos cristianos mantuvieron la fiesta del Halloween nacida entre los celtas hace más de 3000 años.
Se decía que en la noche del 31 de octubre las almas de los muertos regresaban a visitar los hogares terrenales.
Los celtas creían que en esa noche la ventana que separaba el mundo de los vivos y el de los muertos desaparecía. Para mantener a estos espíritus contentos y alejar los malos espíritus de sus hogares los celtas dejaban comida o dulces fuera de sus hogares.
Aquí y ahora, algunos obispos fundamentalistas arremeten contra esa celebración, por anticristiana y considerarla extraña a nuestra tradición. Pero ni lo uno ni lo otro, pues es lo cierto que la iglesia ocupó de forma fraudulenta ese acontecimiento nombrándolo víspera de todos los santos (all hallow's eve), para así arrebatarles la fiesta sin despertar su ira.
Con carácter general, las confesiones religiosas proscriben toda manifestación lúdica que no incorpore la visión trascendente de la vida, reduciendo así el carácter jubiloso a mera celebración piadosa. Planea sobre el impulso de gozar, la consideración de que la felicidad humana solo es posible en el más allá, es decir, cuando ya no hay vida terrenal. Solo el alma puede engendrar placer por su naturaleza incorporal, en tanto su envoltura material tiende al pecado concupiscente.
Lo atinente, según dicta la doctrina, es el castigo del cuerpo a base de sacrificios y penalidades, como camino hacia el paraíso. Para los creyentes, la vida en la tierra deja de ser un lugar ameno y placentero.
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26 Octubre 2009
Gijón no es Numancia, pero tampoco puede convertirse en plataforma pasiva y barata de una errática política energético-portuaria
Los progresos de la villa no pararon ahí; con los tiempos, fueron de la pesca a las salazones y conservas; y de los primeros astilleros en la Barquera, a los buques y las grúas de más de 20 toneladas de fuerza, que de la Puerta del Infante, o después, de los talleres del Natahoyo, salieron de la «Fábrica y Dique de Cifuentes, Stoldz y Compañía» camino de obras y puertos de toda España; y de la inicial Fábrica de Tabacos llegamos a las más de 300 altas chimeneas de ladrillo, de otras tantas industrias, que a diario, de lunes a domingo, lanzaban penachos de humo a los cielos, como oraciones de progreso más sentidas y humanitarias que las que canónigos y prebendados desgranaban en las salmodias catedralicias del piadoso Oviedo.
«Incontables tinglados, naves, cercas y edificios?», contabilizaba el asombrado viajero, que comprobó más de cincuenta casas «haciéndose» -albañiles, carpinteros y canteros- aquel mismo día; obreros contó por miles? y las sirenas por cientos, pitando todas a un tiempo?
Y vio el Ferrocarril minero de Langreo, traqueteando, contaminando y arruinando la salida a Candás, o camino de la Gloria? que marchaba humeante hacia su dársena para multiplicar el tráfico del puerto? Y en los muelles y el antepuerto, cada año, por lo menos, pudieron contarse siete mil velas y vapores cargando y descargando mercancías de toda clase... Y por el abrigado Liquerique, después de aliviarse en «El Ancora», de Abtao, asistimos a idilios de criadas y artilleros; y al paseo de burgueses y americanos, recontando hazañas e intereses, mientras gozan del incomparable paseo...
Y en el Casino y los teatros; y en los clubs, de uno y otro signo; y en los cafés y tabernas del centro; y por Corrida en invierno y por Begoña en verano, corriendo, y saltando muy viva, entre muselistas y apagadoristas, como liebre antes de caer en la buena olla de «El Trole», la eterna disputa por la mejora del puerto, corazón de la industria, de la banca y del comercio local.
Gijón disputó, razonó y escribió, incansablemente sobre su puerto, mientras pescaba, cargaba y descargaba, fabricaba y comerciaba, para no errar su senda? y poder seguir creciendo. Con los debates sostenidos por unos y otros en los cafés -Suizo, Oriental, Colón-, o en el comedor de Pedro Elías o en el de doña Ramona Vega, nadie pretendió, por supuesto, paralizar ni obstruir la actividad industrial, ni la comercial, ni el desarrollo naviero, ni, mucho menos, arruinar el crédito de la villa, sino que la intención de tanta reflexión, disputada palmo a palmo, era el poner la liebre de «El Trole» en la vía del progreso para que Gijón pudiera alcanzar todo el bienestar posible? Que aquellos hombres, hechos en la navegación, la emigración y las luces de la Escuela de Navegación y Cálculo, que fundara Jovino, bien sabían que su objetivo no era otro que el de afianzar los cuatro pilares útiles sobre los que Jovellanos había asentado la nueva Gigia: crédito, industria, comercio y navegación...
En la encrucijada del XIX disputaron los gijoneses activos como teólogos en celo. Unos, defendiendo ampliar servicios y mejorar calados del viejo puerto; otros, por construir, allá, en el «lejano» Musel, el puerto de refugio y comercial, grande y capaz, que los aparadoristas de Santa Catalina veían como un lejano sueño rosa que, de alcanzarse, acabaría destruyendo el valor de la propiedad del Gijón levantado sobre la sangre de mil generaciones, de los cilúrnigos a la de los Cifuentes, Rodríguez, González, Martínez, Menéndez y Acebales, porque «sentían» que en los alrededores de El Musel nacería un pueblo nuevo, higiénico, vigoroso y rico, capaz de atraer a almacenistas y capitalistas, y con ellos a los obreros y artesanos, de cuyo sudor se alimentaba la poderosa máquina del progreso gijonés.
Fueron aquellos, tiempos de «mareas» muy vivas. Desde la perspectiva de hoy, de madrugadas felices; en su momento, como son todos los tiempos para quienes los padecen, de temor a las epidemias, caciques e impuestos, y, además, de los naturales desconciertos frente a lo que deberían hacer los rentistas para asegurar el futuro de sus viudas y el toda la villa?
Pocas grúas, ningún piloto «de todas las derrotas», mucho temor y todo el desconcierto del mundo son los cuatro dolores del Gijón de nuestro tiempo. Los rectores sociales, políticos y económicos y, con ellos, buena parte del cuerpo social han vuelto a prescindir, por comodidad y codicia, como en los peores tiempos pasados, que denunciara Labra con ocasión de la muerte de don Vicente Innerárity -uno de los cuatro barones de Cabueñes- «de ideales y entusiasmos para entrar en el falso camino de las opiniones hechas, las conveniencias triunfantes, los honores fáciles y los acomodamientos inmediatos».
Hoy, muy cerca de los 200.000 pies cuadrados dedicados al trabajo duro e innovador, que ocuparon en el Natahoyo la fábrica y talleres de don Anselmo, ni quedan instalaciones, ni grúas? achatarradas o mal vendida, incluso la que, durante semanas, sostuvo el camión, y la de la alegre gesta del «Roxu» que, cuando lo vio todo perdido, bajó de su grúa con el propósito de plantar «fabes» en Caldones, en recuerdo del «mecheru» que tantas esperanzas iluminara en sus días?
Gijón, hoy, no necesita convertirse en Numancia, ni precisa numantinos, como han demostrado los mártires aceptando el socorro externo, pero tampoco puede convertirse en plataforma pasiva y barata de una desquiciada y errática política energético-portuaria. Necesita, sí, ganas de volver a correr? al trabajo y decisión y constancia para conseguirlo.
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8 Octubre 2009
El Congreso rechaza la reprobación de las afirmaciones de Benedicto XVI en las que afirmaba que el preservativo contribuye a expandir el VIH-SIDA
Los miembros de la asociación estatal Europa Laica, al igual que millones de personas creyentes y no creyentes del Estado Español y del resto de Europa, sí reprobamos las afirmaciones del jefe de la Iglesia Católica que la primavera pasada, en el marco de una gira por África, afirmó que el uso del preservativo contribuye a expandir el virus del VIH-SIDA.
Lamentamos que el Congreso de los Diputados, con los votos en contra de PP, CIU y PNV, y la abstención del PSOE, rechazara ayer una iniciativa de reprobación de dichas declaraciones que presentó un diputado de IU-ICV.
En nuestra opinión este hecho demuestra una vez más la aceptación de posturas sectarias de la jerarquía católica, que ataca sistemáticamente la libertad de las personas y el estado de derecho.
Cientos de miles de personas mueren al año víctimas de esta enfermedad, gobiernos de todo el mundo y organismos internacionales gastan millones de euros en campañas para promover el uso del preservativo, como método de prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Sin embargo, Benedicto XVI se permitió desinformar y confundir a la población africana, y contribuir así a que se puedan producir miles de contagios y fallecimientos por VIH-SIDA. Esas afirmaciones, además de falsas e hipócritas, tienen carácter criminal, pues atentan contra la comunidad científica y contra la dignidad de las personas, en especial de las mujeres.
En Europa Laica condenamos también la nota en la que ayer la Conferencia Episcopal criticaba al Parlamento por haber admitido a trámite y haber votado dicha reprobación, y en la que hacía alusión a un supuesto ataque a la libertad religiosa ¿Acaso quieren los obispos impedir el debate y las deliberaciones en la sede de la soberanía popular? ¿Acaso creen que sus declaraciones y acciones, con indudables repercusiones sobre millones de personas, no pueden ser siquiera debatidas y, en su caso, reprobadas por el Parlamento? Bajo la excusa de una mal entendida libertad religiosa, quieren amordazar al Parlamento y coartar la libertad de expresión.
Europa Laica
25 de septiembre de 2009
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7 Octubre 2009
Las obras de la Iglesiona y el glamour posveraniego de baronesas viudas y actores famosos
Regresa uno de la vecina República del Oeste, ¡cuándo no será necesario, señor, viajar «fuera» para «tostar» republicanamente y a precios convenientes!, y se encuentra la patria chica, la urbe querida, aplastada por ingente suma de horrores.
Nada del «Cantar de los cantares». Nada del rey Salomón. Nada de aquel mágico inicio, donde la sensualidad de las hijas de Jerusalén se diviniza: «Oh, si él me besara con besos de su boca! / Porque mejores son tus amores que el vino»...
Casi todo, menos el atardecer paseando el Muelle, y el amanecer, el Poniente... y la tribuna de El Molinón, ¡cuidado con los asientos que se «levanten» solos! ¡Cuánto error de los errores y horror de los horrores!
La Iglesiona, hoy basílica menor (si fuera mayor, emigraríamos), emerge, todavía medio cubierta su fachada, como vieja recompuesta (¡ay, tita, en cirugías no estás sola!).
Si horribles y amenazadoras fueron sus formas desde el primer día, más horrible son hoy con los «colores» de la fachada recién sacados... Y el sumo horror, horripilante, lo alcanza la obra con la recomposición, en la antigua entrada del Instituto, de la discreta hornacina, cristal y hierro, que guardaba, casi en secreto, tal era la sempiterna suciedad de su cristal, la imagen clásica de la Virgen de Covadonga... Hoy, «piedrina» sobre la calle, ¡ay, señor Obispo venidero, como de fachada de «chalé de verano» de estraperlista rico y devoto!...
La Iglesiona va a quedar, cuando luzcan enteros los nuevos tonos con los viejos humos, (¡Ay, tita no estás sola!), como el globo multicolor que gobierna y dirige el capitán Meana.
Lo mejor que se pudo haber hecho con la vieja iglesia era, por ejemplo, haberla desmontado piedra a piedra, relevantándola, reducido el tamaño, en lo alto de Santa Catalina, solar de la vieja capilla...
Allí, haría junto al «Elogio», como de «atractivo» Sagrado Corazón parisino; y del barrio alto, Montmatre. No hubiera habido en el mundo don Brad que resistiera un viaje y una inversión para la capitis disminuida diversión nocturna gijonesa. (Por Fomento, con la crisis de final de temporada, de madrugada apenas si por sus mil ríos corre sangre...)
Creí, ¡bobo soy que lo pensé!, que los ánimos de la villa andarían alicaídos con las nubes y declaraciones blancas y contradictorias de H-H, don Horacio Hoyant, en el caso «Cagüeñes», más los no menos inquietantes nubarrones de las sentencias del Supremo de nuestros Tribunales, lloviendo sobre los vicios del nuevo plan, tan perjudiciales (sentencias y vicios, como necesaria la lluvia) para la estabilidad, y continuidad pacífica y confiada del ejercicio de la construcción, sangre que ha de correr para que la villa viva... ¡Viva!; desdichas éstas, no pocas, a las que hay que sumar los anhelos viejos, deseos aún latentes, de la lechería popular de ver «arrasado» en bien del «partido», el solar mismo de la villa, como lo dejó en su día la infanta portuguesa, antecesora, urraca y cruel, de la Manuela Ferreira (de la mala) Leite, candidata derrotada del PSD portugués (al fin, PP), enemiga declarada del progreso de la unión ibérica, y nuestro deseado AVE.
Y nada de todo eso. Siguen las alegrías. En el Náutico, después de la lengua de la Caixa catalana, nos sacaron las suyas los forzudos vascos, a base de ricas piedras, tinto alavés, chacolí y sidra de la Nada...; «La Atlántica XXII», revista asturiana de información y pensamiento, sacó la suya, bien blanca, con una portada a colorines, (Ay, tita, como de la Iglesiona), donde aparece una composición del rey con medio rostro del señor «Rumaso», reconvertido en el Real Rostro de los Reales negocios... Y la Casa Consistorial, tan formal todos los atardeceres, invadida por la orgía-fiesta de fama y glamour de la baronesa viuda y su acompañante, sobre tacones Ortiz... Y en la «tenida» publicitaria, la paz por medio...
¡Ay, Señor!, parece decidido el actual gobierno municipal a hacer bueno el viejo dicho: «Las ciudades las hacen sus habitantes, y las engrandecen los forasteros».
Primero fueron extranjeros que vinieron a enseñarnos (para «agrandar») «lo» del cristal, la loza y la fundición; después, para seguir «agrandando», los que abrieron nuestros bolsillos al negocio y al comercio fueron riojanos, como los Domínguez Gil o los Velascos. Más recientemente, agotadas muchas fuentes, y arañados por las fierezas de la señora Pardo, cuando mayor será la viva imagen de la doña Manuela Ferreira de la Leite, el gobierno sueña engrandecer la villa con Baronesas, Ortices y Actores...
¡Gijón! ¡Gijón! Fiero León...
El sol, ¿por quién nos habrá tomado?
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27 Septiembre 2009
DECLARACIÓN DE EUROPA LAICA
El Congreso rechaza la reprobación de las afirmaciones de Benedicto XVI en las que afirmaba que el preservativo contribuye a expandir el VIH-SIDA
Los miembros de la asociación estatal Europa Laica, al igual que millones de personas creyentes y no creyentes del Estado Español y del resto de Europa, sí reprobamos las afirmaciones del jefe de la Iglesia Católica que la primavera pasada, en el marco de una gira por África, afirmó que el uso del preservativo contribuye a expandir el virus del VIH-SIDA.
Lamentamos que el Congreso de los Diputados, con los votos en contra de PP, CIU y PNV, y la abstención del PSOE, rechazara ayer una iniciativa de reprobación de dichas declaraciones que presentó un diputado de IU-ICV.
En nuestra opinión este hecho demuestra una vez más la aceptación de posturas sectarias de la jerarquía católica, que ataca sistemáticamente la libertad de las personas y el estado de derecho.
Cientos de miles de personas mueren al año víctimas de esta enfermedad, gobiernos de todo el mundo y organismos internacionales gastan millones de euros en campañas para promover el uso del preservativo, como método de prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Sin embargo, Benedicto XVI se permitió desinformar y confundir a la población africana, y contribuir así a que se puedan producir miles de contagios y fallecimientos por VIH-SIDA. Esas afirmaciones, además de falsas e hipócritas, tienen carácter criminal, pues atentan contra la comunidad científica y contra la dignidad de las personas, en especial de las mujeres.
En Europa Laica condenamos también la nota en la que ayer la Conferencia Episcopal criticaba al Parlamento por haber admitido a trámite y haber votado dicha reprobación, y en la que hacía alusión a un supuesto ataque a la libertad religiosa ¿Acaso quieren los obispos impedir el debate y las deliberaciones en la sede de la soberanía popular? ¿Acaso creen que sus declaraciones y acciones, con indudables repercusiones sobre millones de personas, no pueden ser siquiera debatidas y, en su caso, reprobadas por el Parlamento? Bajo la excusa de una mal entendida libertad religiosa, quieren amordazar al Parlamento y coartar la libertad de expresión.
Europa Laica
25 de septiembre de 2009
servido por ateneo-republicano-de-asturias
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