Ciudadanas y ciudadanos,
Estamos hoy reunidos ante este mausoleo, no para llorar a quienes aquí reposan por defender las ideas que nosotros profesamos, sino para celebrar con ellos, y para recibir de ellos, los alientos con que el 14 de abril de 1.931 proclamaron en la plaza de la Constitución la Segunda República Española, cuyo octogésimo aniversario se celebra hoy en toda España.
Ellos, hoy polvo de mártires, pusieron en la calle y depositaron en las urnas la fuerza necesaria para impulsar el cambio de régimen.
El domingo 12, con sus votos al Frente Electoral Republicano-Socialista, hicieron posible que aquella gran conjunción que abarcaba desde la derecha liberal republicana al partido socialista, pasando por los republicanos reformistas, los republicanos federales y los representantes de la Alianza republicana, alcanzase treinta y un (31) concejales de los treinta y ocho (38) que se elegían...
Fue tan grande el triunfo, que ya a última hora de la tarde del domingo 12, en la plaza del Carmen, en la sede del centro Republicano, se izaba en medio de impresionante silencio la bandera republicana..., que el martes 14, a esta misma hora, las seis y media de la tarde, se colocó como “colgadura” en el balcón de la Casa Consistorial entre de grandes ovaciones...
Aquella elección municipal que marcó la historia de la España moderna, no se presentó al electorado limitada a las cuestiones locales, las fuerzas democráticas hizo de ella auténtico plebiscito nacional sobre la forma de gobierno...
No era el caso el discutir sobre servicios municipales, ni sobre los tan necesarios caminos, la dotación de las escuelas, o el alumbrado público siempre escaso en los barrios..., sino que la idea fuerza que presidió el plebiscito en nuestra villa, como en el resto de España, fue la de “SALIR DE LOS AÑOS INDIGNOS”, liberando al pueblo de la carga de ocho años de opresión, y, como ocurriría después en las elecciones del 36, el conseguir la libertad de los veintitrés (23) presos políticos de la cárcel del Coto...; y reivindicar la figura del joven CARLOS TUERO MORAN, muerto en el interior de la Iglesiona, cuando los sucesos del mes de diciembre anterior, por disparos que se atribuyeron al P. Elorriaga...
“El P. Elorriga no puede ser más cura
Porque mandó a Tuero a la sepultura”,
rezaba una canción que se hizo popular en aquel tiempo.
Y como la conducción del cadáver de Tuero a Ceares en el diciembre anterior, había sido casi clandestina por imposición de la autoridad militar, en la tarde del domingo 5 de abril, una multitud de varios millares de personas convocadas por el Sindicato Metalúrgico al que perteneció Tuero, entre la que predominaban mujeres portando ramos de flores, se dieron cita en Begoña para desde allí subir en ordenada manifestación hasta este cementerio, para cubrir de flores la tumba, que en tierra civil, contenía los restos aún calientes del joven Tuero, al que uno de los presos, Manuel Menéndez, le dedicaba un escrito diciendo:
“Tu has ofrendado tu vida y tu juventud en aras de un ideal; nosotros, la libertad, en busca de otros horizontes para España...
¡Horizontes de armonía y de justicia! ¡Horizontes de Paz!...
Armonía. Justicia. Paz. Libertad. Igualdad. Fraternidad....
Y por esos impulsos, por esa fuerza, por ese querer salir del pozo negro de los “años indignos”, llegó el día de la República, la Segunda, hace hoy ochenta años...
“Fue una tarde llena de grandes y lejanos ecos, divinamente equilibrada entre oro y azul. Los estanques estaban muy quietos y brillantes, las enramadas, floridas y umbrías; el mar, ensoñadoramente largo y horizontal; el cielo hondo y seguro como una columna de mármol”. Escribió Julián Ayesta, recordando cómo recibió, a sus doce años, en el colegio de los Jesuitas, la noticia de la proclamación de la República.
Hoy lo sabemos todo. Desde la plaza del Carmen, que en la tarde de aquel martes, sin acuerdo ninguno, pasó a llamarse plaza del Capitán Galán, a la de la Constitución que pronto pasaría a llamarse de la República, aún suben a lo alto de este Sucu, la alegría, los vivas, los discursos, los himnos de Riego y la universal Marsellesa. Aquí vemos las banderas tricolores. Desde aquí podemos sentir las emociones vivas de aquellos momentos.
Vuelve a hablarse de la Republica. Unos ensalzan su significado. Otros prefieren resaltar los excesos de aquellos momentos. Excesos provocados, desde el mismo día 14, por los “aparentes” perdedores... Que los republicanos sólo tenían voz para reclamar quietud, sensatez y orden...
Conocemos el sistema. Todavía hoy, quienes disfrutan de los injustificables privilegios de un concordato preconstitucional, se dicen perseguidos en su fe... Quienes amenazan, insultan y encanallan, dicen sentir miedo de un Estado policial, cuando el pobre es poco más que indefenso Cordero...
Quienes todo lo tienen, dicen que nadie defiende sus capitales y propiedades..., mientras el pueblo sufre recortes y el edificio del bienestar social, duramente levantado, se sacrifica en el ara mayor del todo poderoso Mercado...
Los cuarenta años de Franco, fueron, sin duda, años de mucha mayor ignominia que los ocho de la dictadura que precedió al cambio...
Franco a su muerte, dejó la nación muda y coronada por sus leyes. Otra ignominia. Su última ignominia.
Y a la memoria, a los esfuerzos y a los entusiasmos de los que aquí reposan, y a la de quienes ni sabemos donde reposan, y a la de los que murieron en el exilio, y a la de los millones que pudieron morir silenciosamente en sus casas, después de una vida de humillación y disimulo, debemos ofrecer nuestro esfuerzo.
Francisco Prendes Quirós. Presidente del Ateneo Republicano de Asturias
